7 abr 2009

Los ideales I.



El mundo no es perfecto. Todos sabemos de las cosas que podrían mejorar. Pero, al alcanzar la perfección, estaríamos felices? Nos gustaría vivir la perfección? No pregunto si es posible. Cada quién se imagina la perfección de manera diferente. Sospechamos que no vamos a llegar al ideal pero a pesar de ello no dejamos de buscarlo.

Nací en una ciudad hoy llamada Zlín. En el siglo 19. fue una ciudad pequeña sin mayor importancia en una region pobre y montañosa. En 1898 Tomáš Baťa junto con sus hermanos puso su negocio de zapatero. El taller se fue convirtiendo en la fabrica que en 1918 llegó a tener 400 trabajadores y en 1925, gracias al pedido del ejercito austro-hungaro, 5200 trabajadores. Pero no solo crecía la fabrica sino tambien la ciudad. Para atraer la gente Baťa invitó los mejores arquitectos funccionalistas (incluyendo al famoso Le Corbusier) para construir una ciudad nueva y progresiva, con miles de viviendas, mercados, cines, escuelas, parques, piscinas y estadios. En la guerra segunda mundial Zlín contaba con el edifio más alto del Tercer Reich. Fue el cerebro de la fabrica dentro del cual se movía mismo Baťa en su oficina-ascensor.

Su filosofía fue que la gente que tenga una propiedad, aunque fuera pequeña, estará contenta y no se va a organisar contra el fabricante, no habrán paros ni otros problemas. Y su teoría se ha comprobado. En las pequeñas casitas de ladrillo con los jardincitos de un par de metros cuadrados viven los felices Zlinenses hasta hoy día, aunque Baťa pensaba que no iban a durar mas que 50 años. Lo que no duró fue la fabrica de Baťa en Zlín. Durante de la guerra II. estaba fabricando zapatos para los soldaddos Nazi y antes de terminar la guerra la familia Baťa migró a Canada. La companía seguía creciendo fuera del país. Llegó a ser tan popular que los Limeños piensan que es una companía peruana del barrio Rimac. E igual pensarán los Brasileros o Hindús sobre las fabricas en sus países.



En 1945 la fabrica Baťa fue estatizada igual que todas las empresas en el país. Le cambiaron el nombre a Svit (luz, lumbre) pero la cuidad seguía siendo el ícono del capitalismo, representaba el „sueño americano“ y por eso había que borrarla del mapa y de las mentes del pueblo. Nada mas facil que cambiarle el nombre y ponerle uno nuevo, según el primer presidente comunista-Gottwaldov. Curioso que el presidente tuvo un apellido alemán... Despues de la guerra se seguía construyendo. Pero ya no eran casas privadas. Eran edificios grandes con muchos departamentos. Y tambien se construían los ideales. Había un edificio llamado Casa colectiva. Dentro de ella habían departamentos, pero tambien espacios colectivos, como cocinas, lavanderías, una sala grande para realizar los eventos sociales. Y no funccionó. Ya me imagino una tele y treinta personas peleando por ella. Aunque en esa epoca hubo un solo programa (luego dos, y con eso llegamos hasta los 80). La gente no quería compartir sus vidas con los demás.

Yo nací en Gottwaldov. Cuando era niña no entendía bien porque mi ciudad no tenía un centro histórico como las otras ciudades „normales“. Tambien me extrañaba que mi bisabuela le decía Zlín a la ciudad que yo llamaba Gottwaldov. Las bisabuelas usan palabras raras. No me gustaban los edificios con fachadas puristas, de ladrillo sin camisa y de forma cuadrada. De pronto me enteré que vivía en una ciuadad única y especial, según me explicó mi padre arquitecto. Pero no me importaba mucho. La enorme fábrica seguía siendo su corazón y su altísima chimenea se podía observar desde las suburbias donde quedaba mi casa. Todo el mundo trabajaba en Svit y cuando llegaron las vacaciones, se apagaba el agua caliente en toda la ciudad que se quedaba practicamente vacía.

El tiempo pasaba tranquilamente hasta que se acercó el 1989. Cumplí 12 años. En el otoño llegó la revolucion de terciopelo. Me di cuenta que la política tenía que ver tambien conmígo. Pregunté a mis padres porque el presidente era malo, si no hacía nada. Me contestaron, que justamente por eso. Me enamoré. Iba a manifestaciones a la Plaza de la paz porque el chico que me gustaba tambien iba. Nos quedabamos largas horas parados encima de los basureros con las velas en las manos. Nevaba. Los guantes quedaban empapados de cera. Había que plancharlos através del periódico pero igual quedaban duros. A la ciudad le han devuelto su nombre Zlín. Nos acostumbramos rapido, porque es un nombre bien corto y claro. Baťa sigue vendiendo sus zapatos en todo el mundo, tambien a los checos . La fabrica Svit quebró.

2 comentarios:

gonzalo portocarrero dijo...

Muy lindo tu post, me haces cercana y familiar tu experiencia vital. Me parece lógico que la gente no haya querido compartir sus vidas como imposición. Lo que me preguntó es como ese sistema pudo durar tanto.

Dora dijo...

Bueno, creo que todos los checos nos preguntamos eso. Hubiera debido acabar en 1968. Me acuerdo del momento cuando llegué a comprender que todo el mundo democratico seguía existiendo todo ese tiempo sin hacer nada. Me pareció injusto. Pero ahora soy yo la parte de ese mundo y tampoco sé que hacer, siento la responsabilidad, pero no sé como ayudar a los Cubanos o Chinos. Y no lo digo como excusa.