14 nov. 2008

Estar triste para ser feliz



Hace poco leí un artículo donde la psicoanalista y escritora Julia Kristeva decía que las mujeres nos deprimimos más porque nuestra personalidad es más complicada que la de los hombres. Buscamos a ser buenas madres, amantes, tener una profesion que nos llene. Dice que esa pluralidad es difícil de manejar pero las que encuentran el equilibrio entre todas esas identidades logran a ser más maduras que los hombres que muchas veces siguen siendo niños toda la vida.

Yo no sé si me quiero volver más madura pero sí busco un equilibrio o integridad. Es un gran reto llegar a saber qué es lo que debo hacer. Me encuentro en una época extraña cuando aparentemene no está pasando nada. Y yo quiero que pase. Pero tengo que esperar sin saber a qué y hasta cuando. Como si mi vida me estuviera diciendo: acá tienes un tiempo para pensar. Como ya tantas veces. A mí las cosas no me llegan fácil. Mi vida nunca ha seguido una trayectoria muy directa. Cuando hacía algo, pues lo hacía por gusto sin pensar hacía donde iba. Estudié arte por el interés al arte, no para volverme artista. He aprendido muchas cosas pero hasta ahora no llego a descubrir para que me sirven. No me arrepiento haberlas aprendido. Siento no saber aprovecharlas bien. Mi camino culebrea entre las piedras y arbustos y se pierde dentro de un bosque profundo. Lo sigo porque creo que detrás de todo hay un sentido. Sólo que a veces me desespero. Me pongo triste de no llegar a entender.

¿Acaso pido demasiado? Quizá toda la vida será como esa vereda perdiendose en la oscuridad que solo de vez en cuando se aclara.
Algunas personas dicen que necesito tener un hijo. Que cuando lo tenga dejaré de pensar huevadas. Mi mundo cambiará por completo. Pero eso tambien da miedo. Cómo puede que cambie tanto? Creo que no quiero que suceda, quiero seguir siendo yo. Son dos cosas diferentes y una no puede reemplazar a la otra. Uno no puede llenar su vida con la vida del otro. Aunque pretenda a hacerlo. Quizá me equivoco. No sé.
Mi estado parece al de una persona que no encuentra amor. Perdiendo el tiempo a solas. Con el corazón lleno de amor, gritando: ¡acá estoy, esperandote!
En verdad no tengo idea de si el destino nos busca a nosotros o hay que salir al encuentro con él. Pero como dice Julia Kristeva, siempre hay dos opciones: tomarse una pastilla y echarse a la cama, o crear algo.

A mí la tristeza me sirve para crear. Quizá no serán grandes cosas pero nadie puede hacerlas igual que yo. No hay quién tenga la misma experiencia. Es ella que me hace sentir solitaria pero también es ella que me hace única.
Mil veces me he preguntado para que me servía en mi vida praguense saber cual combi me lleva a Gamarra, o con que tipo de papa se prepara la causa. O en que parte de Makaha se levantan las olas. O saber decir: Arí, allillanmi kashani.
No lo sé. Pero aunque solo fuera para hacerme pensar de otra forma, me sirve. Para dar otro valor a las cosas que hay acá. Para saber que nada es automático. Y ojalá un día me ayudará a contar historias que harían pensar a los demás. De los demás.
Para por fin poder unir los dos mundos dentro de mí.

3 comentarios:

TaLia Chlimper dijo...

Dora, tu post me hace pensar en lo necesarias que son las oposiciones para lograr generar sentido. Me identifico con muchas de las cosas que dices. Eso de sentir que estás ahi esperando por un encuentro...

Escribí hace poco un ensayo donde planteaba sobre los blogs, esta idea de gente replegada sobre sí misma que busca un contacto. Decía algo así como que si todos estamos solos, al menos también, estamos todos juntos en eso...

Te mando un beso!

MariCarmen dijo...

llegué aquí por casualidad y no puedo sino enamorarme de tu modo de escribir y tu prosa tan sentida y delicada... este post describe exactamente lo q siento, puedo citarte en mi blog? grcs.

Nilton. dijo...

Así me respondes ;) Eres linda mi cheks de la vida. Cada uno tiene una motivación diferente y es cierto. Nadie puede hacer lo que tu.
Besos mil.