11 dic. 2010

Caminando lento



El mundo cambia cuando se cubre de nieve. Se pone más lento, más torpe, menos seguro. La gente se olvida de sus autos y sale caminando a tomar los tranvías o buses que tardan y se llenan de gente. Se camina despacio, pisando con cuidado, esperando la trampa del hielo resbaloso bajo la nieve. No hay tierra para dar apoyo a los pasos firmes.

Me gusta ese cambio. O mejor dicho, me conviene. Porque así se me hace más fácil camuflar mi propia torpeza e inseguridad. Tengo una teoría que uno va por la vida de una manera parecida a como camina por la calle. Claro, cada quién tiene varias maneras de caminar, dependiendo de la situación, pero hay ciertos rasgos que no cambian.

Hay personas que caminan con decisión, sabiendo a dónde van, buscando el camino más corto o dirrecto. Hay gente que va por el centro de la vereda y hace que todos se le retiran del camino, y otros que van con agresión y no les importa a chocar con los demás transeúntes. Hay caminantes distraídos, que van sin mirar adelante y que tropiezan con los demás sin querer. Algunos avanzan despacio, parándose en cada esquina para conversar y hay otros que van muy ensimismados ignorando el mundo.

Yo, en general, camino mucho. Camino para caminar. Camino porque tengo tiempo, y camino cuando no lo tengo, porque a veces es más rápido. Voy mirando a todos lados, sobre todo la gente. A veces, a propósito, paso por los lugares repletos de gente solo para verlos. Pero a veces pienso que ellos no me ven a mí. Rara vez me pasa que me dieran el paso. Muchas veces me tengo que esquivar por un espacio muy estrecho o tengo que bajar de la vereda y pasar por la pista. Y a veces no sé por donde meterme, si a la derecha o a la izquierda, y por indecisa termino chocando.

Ahora debería hacer alguna conclusión, qué está bien o mal y que cosa debería cambiar o algo así... Pero no. Camino como puedo y como me da la gana. Puede que me de coraje la gente que se me meta en el camino, o la gente que no ve. Pero no me importa tanto. A veces es bueno estar invisible y a veces hay que chocar. Por ahora, avanzo despacio, con cuidado, prestando atención a cada paso para no caerme.

Y si bien me caiga...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

En Lima no nieva y nunca he tocado la nieve... sería para mí toda una experiencia.

Siento que mi propio caminar cambia de acuerdo a mi estado de ánimo pero intuyo q la mayoría de las veces lo hago con miedo y temor de expresar algún tipo de sentimiento... Y es q Lima no me parece una ciudad muy segura para eso...

Dora dijo...

Mmm, es cierto que caminar por Lima es diferente. Lo estaba pensando mientras escribía el post. En Lima uno necesita estar invisible para no chocar. Pero allá justo hay muchas personas que miran con atención y ven... Pero a pesar de ello si tenía mis lugares para caminar sin miedo.

Seguro en algún momento caminarás en la nieve, se parece un poco al caminar en la arena. Deja de ser divertido cuando hay que llegar a algún lado :)

Angela dijo...

Qué bonita metáfora, Dora.

Yo por lo general camino muy rápido, con los brazos muy pegados al cuerpo y el paso firme. Salvando obstáculos, adelantándome a la gente que va muy lento, intentando ocupar los lugares de la acera que me permitan un espacio alrededor.
Casi siempre sé a dónde voy.
En las ciudades pocas veces ando por andar.

Anónimo dijo...

Lindo post Dora. Aprender a caminar sin prisa me ha demorado los años que cuento. Solo lo logré en Madrid, en el parque Retiro.