27 dic. 2009

Hallazgos inesperados

Nunca he tenido una casa grande ni he vivido en una. Pasé toda mi infancia en el mismo departamento y luego, durante mis estudios, he transitado por varios espacios mas o menos pequeños. Pero han habido casas que tenían cierta importancia en mi vida. Primera es la cabaña en el medio del bosque que compraron mis abuelos artistas en los años sesenta, donde creció mi padre y donde pasábamos todos los fines de semanas y vacaciones enteras. Es una casa pequeña con un solo espacio abajo y la azotea para dormir. La otra casa que marcó mi vida era la casa de mi otra abuela, situada en una ciudad minera en el norte de Bohemia. Esta sí era una villa grande, con un pasado bastante dramático. Los papás de mi madre se casaron en los últimos años de la guerra segunda y siendo hijos de campesinos no tenían nada. Al terminar la guerra nos han devuelto las zonas ocupadas por los alemanes durante tan llamado Protectorado. En esos territorios vivían muchos alemanes, ya por generaciones, tenían sus tierras y propiedades, vivían ahí al lado de los checos cientos de años. Esas familias después de la guerra han sido expulsadas sin importar si colaboraban o no con los nazis, fueron expulsados por su origen nomás. Y por la misma razón se ha desocupado tambien la villa a la que, entre otras familias, ha venido a vivir la joven pareja de mis abuelos. La villa se ha vuelto propiedad del estado que les adjudicó un piso. Allí nació y creció mi madre. Con los años las otras familias se habían ido y mi abuelo ha podido poco y poco comprar la casa. Cuando yo era niña visitábamos la abuela una vez al año, en los veranos. El viaje era largo, había que cruzar todo el país. Tomábamos un tren nocturno y el día sigueinte llegábamos. Ya solo el viaje era una aventura. Mis papás con dos mochilas, a las que tenía que entrar todo para ellos y sus tres hijos... La villa se hallaba dentro de un jardín grande con árboles de manzanos y unas colmenas que quedaron de mi abuelo apicultor. De sus ventanas se veía el río Elbe, un río bien grande, y encima del río se alzaba un castillo medieval de piedra...

En las dos casas he vivido unos tiempos felices, tiempos en los que me sentía segura y protegida. Las estoy recordando porque en mis sueños siempre paseo por unas casas así. No son exactamente las mismas, pero son casas que en algun momento conocía y vuelvo a ellas despues de mucho tiempo. No es el mismo sueño que se repita, son diferentes las casas, pero la historia se parece. Entro a la casa que en principio ni sé que la conocía. Es una casa deshabitada pero con los muebles y cosas adentro. Me gusta entrar a lugares así, me gusta encontrar y rescatar objetos abandonados por otra gente. Pero mientras paseo por sus espacios, voy descubriendo objetos que me son familiares, y de pronto reconozco en ellos cosas que en algun momento tenía o los tenía algun pariente mío. Me alegro por aquel descubrimeinto, me sorprendo por haberme olvidado de la existencia de esta casa y de todos sus tesoros. En algunos de mis sueños sé que es una casa que conocía pero al entrar a ella voy descubriendo otros cuartos y espacios de los que no tenía ni idea a pesar de haber vivido allí por mucho tiempo. A veces encuentro un jardín o un balcón que me hubiera encantado tener antes. Me arrepiento pensando que tonta e ignorante he estado en todo aquel tiempo viviendo allí sin haber abierto la puerta que conducía al jardín (balcón o otro cuarto). No entiendo como no me había fijado de esa puerta antes. Pero sé que ya no puedo volver a vivir en esa casa. Y sé que no seré yo quién gozará de esos nuevos espacios.

Hoy soñé una casa en la que encontré unas plantas mías. Siempre me gusta tener mis plantas, cuidarlas y ver como crecen. La gente dice que tengo buena mano con las plantas. Pero cuando viajo las tengo que dejar con otra gente y no siempre les va tan bien. En este sueño encuentro mis plantas muy mal. Lo que pasó al parecer es que me había olvidado de ellas. No sé por donde andaba, pero se quedaron sin alguien quien les echara el agua y cuidara de ellas. Parece que me había ido por mucho tiempo y la gente de la casa se había ido. Y no solo se han quedado descuidadas sino parece que alguien intentó a matarlas. Las macetas estaban rotas y sus troncos tenían cortes de cuchillo. Muchas de ellas estaban secas, otras a punto de morir. Me arrepentí de haberlas dejado. Pero ya era tarde. Me puse a llorar. Me desperté.

2 comentarios:

Angela dijo...

La angustia del viaje de retorno, ¿cómo estarán las cosas que dejé? ¿Las habrán cuidado bien?

Por cierto, ¿cómo encontraste todo el Praga?

La descripción de tus casas añoradas te quedó genial. Espero que puedas descubrir a tiempo todas las puertas y jardines de la que habitas ahora, de modo que te sea posible disfrutarlas cuando aún haya tiempo (y me aplicaré el cuento, claro).

Un abrazo peruano-madrileño!

Jorge Zuniga dijo...

más, con acento..