3 jun. 2009

Humildad y humillación

Ya he hablado en este blog sobre varios aspectos del carácter peruano. En mis ojos los peruanos tienen muchas cualidades. Siempre he valorado lo amistoso y comunicativo que son. Admiro la perseverancia y la capacidad de adaptarse a las condiciones difíciles. Y a pesar de esas condiciones saben alegrarse y disfrutar de lo que hay. Esa levedad de ser es muy contagiosa. Pero hay ciertas cosas de las que no puedo ni quiero acostumbrarme.

No me acostumbro que en la caja de los supermercados limeños hay gente que acomoda mis compras a una, o varias, bolsas de plástico. Mis amigos me decían que simplemente les dejara a hacerlo, que era su trabajo y ellos estaban felices de tenerlo. Sabía que les pagaban por eso. Pero yo no podía dejar de sentirme mal al ver esos jovenes tan humildes y cuando podía, llevaba una bolsa de tela para poder acomodar mis compras yo misma. Aquí en Europa el trabajo en los supermercados no es de lo mejor y muchas veces lo hacen imigrantes, pero ninguno de ellos tiene esa actitud de sirviente. Y tampoco nadie la reclama.

En las cafeterías dentro del campus universitario trabajan jóvenes que no han tenido la suerte de poder estudiar. Hay otros que hacen limpieza o cuidan el jardín. Aunque los muchachos parecen relativamente contentos, me pregunto porque no hay ningun rastro de amistad entre ellos y los estudiantes. A pesar de tener la misma edad hay una distancia entre unos y otros claramente marcada que hasta parece natural. En las universidades en los EEUU estos trabajos los hacen los estudiantes junto con los profesionales. En Peru los empleados de la cafetería se sientan a una mesa apartada de los demás.

Otra pesadilla son los lustrabotas. No sé si es por la educación o de puro alibismo pero prefiero pagarle al niño por dejar mis zapatos cochinos que permitir que se arrodille delante mío. En un parque de Cusco he observado a una señora, acompañada por su hija y un pequeño nieto. Se le acercó un niño-lustrabotas y le ofreció su servicio. La señora aceptó y mientras su nieto estaba jugando en el parque, el otro niño se puso a trabajar. Fue increíble de como cambiaba su voz, dulce al hablar a su nieto y tan frío y duro al criticar la obra de otro niño.

Me estaba comprando una blusa en el mercado de Cusco. La vendedora me dijo que me quedaba bien. Yo le contesté que a ella tambien le quedaría. Y ella dijo que los colores en mí se veían mejor por el color de mi piel. Le dije que yo no lo veía así, que a cada persona le quedaban colores diferentes, pero que nadie sabía vestirse de los colores tan alegres y combinarlos tan bien como hacían las mujeres peruanas de la sierra.

En las ruinas de Quenqo me quedé conversando con un guachimán. Estaba tratando de coqetear conmigo, diciendome algo sobre mis lindos ojos. Le pregunté si los ojos claros realmente le parecían mas bonitos que los oscuros. No sabía contestarme. Al fin me dijo que muchos peruanos quisieran casarse conmigo para que sus hijos salieran con los ojos así. Para mejorar la raza, dijo. O sea para adquirir la vida mejor para ellos.

De donde han sacado eso? Que es lo que aprenden en sus casas y en los colegios? Es la humildad una herencia de la época colonial o es un rasgo que han tenido siempre? Es el resultado de la lucha diaria con el racismo y discriminación? Todos hemos experimentado algún grado de inferioridad en nuestra vida. Pero cuanta humillación se necesita para que se desarrolle un complejo que nos hace víctimas de nosotros mismos?

Me acordé de lo que me dijo un joven universitario limeño. Que a pesar de vivir en el mismo país él no se identificaba con los habitantes de los Andes porque no tenía nada que compartir con ellos. Es algo raro que no entiendo. Porqué es tan difícil de aceptar que todos formamos parte del mismo mundo? De donde viene la idea de que mi hijo es diferente del hijo de aquella mujer? Con esas ideas no nacimos, las aprendemos. Pero, como los chicos de la cafetería van a educar a sus hijos? Y el guachimán, como va a convencer a su hija que es bella con sus ojos negros? Y las chicas del Metro, esperarán que alguien acomode sus compras a la bolsa? O se irán al mercado donde compra „gente como ellas“? Y el nieto de la señora del parque... dejará que otros niños limpiaran sus zapatos. Porque así le enseñaron. Porque así debe ser.

10 comentarios:

Stephan dijo...

Otro situación también escandalosa es la mera existencia de empleadas del hogar, lo que en el Perú se concibe como empleadas, es un claro nombre propio que no solo se refiere a un trabajo (au pair), sino que encadena a la persona a un estereotipo que es tremendamente discriminado, los propios empleadores son asombrosamente crueles con estas personas que regularmente tienen que trabajar todos los dias y solo los domingos estan libres para ir a sus casas que estan a horas de viaje. Se les da un mandil que deben llevar a todos lados, en los clubes se les restrige como animales (recuerdo que cuando iba a un club cerca de mi casa en Perú, un club Inglés, había un letrero en la entrada de un bañó que yo no entendía (yo nunca he tenido empleada) deecía ingreso solo para socios no amas)... realmente me resulta intragable todo este tema y lo peor es algo que se reproduce en cada momento, por lo que viven los niños en las casas donde discriminan a las empleadas.

Dora dijo...

Gracias, Stephan, por el comentario. El problema de las "empleadas domesticas" es realmente grande y ya se ha escrito mucho de él. Pero a pesar de ello la situacion no ha cambiado mucho. Hace tiempo pienso escribir sobre la extraña tendencia de ver algunos trabajos como "marginales" y a la gente que los ejerce tratarlos según ello. Y el asunto de los clubs para los privilegiados es todo un tema...

VBV dijo...

Dora,
hace poco, empecé a leer tu blog, y me parece interesante conocer las impresiones de una extranjera en mi país, aunque no siempre uno este de acuerdo.
Sobre el post, creo que habría que distinguir el tipo de trabajo en sí mismo de lo que seria un acto de humillación, puesto que humillación como en tu post lo describes, puede sufrirse en un baño o por el color de tu piel.

Es decir, que si tu hubieses observado un buen trato a estos trabajadores, no estarías escribiendo sobre ellos, y no llamarían tu atención.

Por mi parte, he gozado, de cada uno de los servicios que has descrito, y me siento bien por ello. Soy una persona que procura tratar bien a las personas que me atienden en cualquier circunstancia, ni considero que sean trabajos que discriminen.

Finalmente, tenemos la opción de escoger, como tu lo has hecho, en ocasiones, de llenar tu bolsa con tus compras, o de lustrar tus botas o no.
Yo creo que lo importante es que uno debe saber respetar el trabajo de los demás, cual fuera.

Dora dijo...

Estoy muy de acuerdo contígo, no pienso que sean los trabajos lo que discrimine. Creo que ningun trabajo puede discriminar. Tampoco quiero desechar a las personas que gozan de estos servicios. En veradad no hacen nada malo, les dan a sobrevivir a los trabajadores. Como tu dices, lo importante es la actitud de como tratas a los demás. Lo que he tratado de decir es que de repente la sola existencia de algunas profesiones dice algo sobre la sociedad... no sé, la verdad son cosas demasiado complicadas y yo solo trato de ver y describir lo que veo y siento. Soy conciente de que, por una parte, el problema tambien es mío, que la gente igual no entiende porque llevo mi bolsa y yo sé que así no cambiaré sus vidas. Es un conflicto que se genera con el choque cultural...

Anónimo dijo...

¡¡QUE LINDO POST...!! TIENE UNA MISION REFLEXIVA Y EDUCADORA, LO UTILIZARÉ EN LAS CLASES DEL COLEGIO CON L@S ALUMN@S DEL COLEGIO ESTATAL DE UNA ZONA POPULOSA DE LIMA NORTE.

MariCarmen dijo...

Dora, creo q entiendo tu punto. Hay trabajos en la socedad limeña q no es q sean abiertamente discriminados, sino q implícitamente llevan una carga q hace q dichas personas sean víctimas de una discriminación no abierta, pero sí de algún modo solapada...

O sea, puedo imaginarme a una rubia mujer de clase alta tratando bien a su empleada doméstica de piel cobriza, pagándole un sueldo decente y otorgándole sus debidas vacaciones, pero no me la imagino igual de complaciente si su hijo le anunciase q va a casarse con ella... implícitamente, cada persona tiene su lugar "aparte"... la gente de clase baja no va a fiestas de clase alta ni viceversa y aún entre las mismas clases bajas se discrimina a quien pudiese tener un status "menor" ya se por hablar quecha, su color más oscuro de piel o su acceso a la educación de modelo occidental... y es q la blancura, el "éxito" al menos para buena parte de la sociedad limeña es eso (aunq pareciera q hay cosas q están cambiando... ver caso Dina Páucar, pero algunas posturas creo, sinceramente, son otro caso de extremismo...).

Anónimo dijo...

Dora

me enteré por Talia que ha sido tu cumpleaños. Ojalá lo hayas pasado bonito. En todo caso felicitaciones, aunque sea atrasadas. Gonzalo

Dora dijo...

Gracias Anonimo, es uno de los comentarios mas lindos que he recibido. Me gustaría conocer las reacciones e opiniones de tus alumnos del Cono Norte.

MariCarmen, sí, lo que he tratado de decir es, al fin, que cualquier tipo de discriminacion genera nada mas que otra discriminacion. Parece como si el hecho de discriminar a alguien fuera una necesidad sin depender de la clase social. Como si fuese una venganza que no se voltea contra el originario del conflicto sino busca las victimas en los seres aun mas vulnerables...

Gonzalo, gracias por las felicitaciones!

JozeLuiz dijo...

Hola Dora, JozeLuiz al habla,

La respuesta a muchas de tus interrogantes es que efectivamente, lo aprendemos mientras crecemos, o mejor dicho se nos enseña, todos en nuestras familias tenemos gente que piensa así, o mejor dicho que no piensa, que actúa así irreflexamente, y transmite sin mediar explicación esos hábitos. Y muchos los replican así, sin pensar.

Venir de una familia de padres de izquierda, hijos de campesinos, y que fueron a la Universidad, y que me hice adulto en Lima, habiendo crecido en Piura, me ha colocado siempre en una posición aislada.

Cuando era chico y mis padres trabajaban de la mañana a la noche tuvimos empleada (varias, una por vez), pero todas ellas comían con nosotros en la mesa y le decían tío o tía a mis papás, y a nosotros (mis hermanos y yo) nos llamaban por nuestro nombre. Fue un trauma para mi que la gente que hace la limpieza en la PUCP me diga "joven esto... joven aquello", casi les rogaba que me llamaran por mi nombre, me decían "no puedo, no es educado... además los jefes se molestarían" A juzgar por lo rituario de las autoridades de la PUCP tal vez sea cierto que se molestarían con ellos. Pero también creo que en su cabeza está vedado tratar a los otros como iguales, hay una molestia y un temor brutales.

Siempre sospeche que hay mucha gente en instancias de toma de decisión y que tienen cierto poder que propagan con ferocidad estas "ideas", sumándose a eso las barreras de acceso a la educación, y la casi nula práctica de convivencia con los otros en espacios que propicien el mirarse como iguales.

Y las distancias se abren de ambos lados, de los que sirven y los que son servidos. Se "asume" , se da por hecho que tales o cuales personas se deberían sentir de uno u otro modo, por eso es tan fácil el prejuicio. Por eso eres "gringa", o sea "eres linda y tienes plata" a los ojos de quien está programado a ver siempre barreras.

Por eso el inconsciente colectivo es racista, sexista, machista y clasista. Aunque el discurso y la bondad "natural" que a veces aflora parezca indicar otra cosa.

El problema , claro, es que todas estas actitudes, que parecen triviales, e inocentes, generan el caldo de cultivo para que las distancias sigan creciendo.

Dora dijo...

Sí, para mí fue igual de insoportable la experiencia con los muchachos que trabajaban en la PUCP, y no solo dentro de la uni, sino en cualquier parte de Peru me chocaba eso, porque ademas de las simpatias sentia que con ellos tuviera mas cosas que compartir que con muchos de los estudiantes.Y era frustrante sentir esa barrera que ellos no podían cruzar, por el temor, por las reglas de la sociedad en que han crecido, que tal vez desprecian, pero a la vez respetan por sentirse mas seguros dentro de los limites que claramente marcan el teritorio de sus vidas.
Sería interesante hacer un experimento dentro del campus, ya que es un teritorio que pretende ser humanista e vanguardista, pues tratar de hacer unos cambios al respecto, tratar de que la gente se conozca en otras ocasiones, que se empiecen interesar uno por otro como personas, organisar actividades con este fin... Se me ocurre hacer un día en el que los estudiantes intercambiaran sus posiciones con los empleados, los profes harían charlas para el personal. Hacer de ese día una costumbre divertida para todos. No sé, tal vez suene tonto e naiv, pero creo que existen miles de formas como quebrar la indiferencia, que es lo que en realidad es lo mas peligroso. Pienso que las universidades es el lugar, donde puede pasar...