26 ago 2010

De dónde venimos...


Imágen: Petr Malina

Durante mi viaje por Suecia tres veces tomé el barco. Dos veces fueron barcos suecos y de regreso tomé un barco alemán que iba a Rostock. La diferencia fue sorprendente.

A Suecia la encontré como un país muy agradable, ordenado y limpio, y a los suecos como gente muy amable, contenta y bien educada. A pesar del duro clima y un verano muy corto los suecos se encuentran entre los pueblos más felices del mundo. Para nuestra joven democrácia checa los países escandinavos siempre han servido de ejemplo de como puede funcionar un país pequeño dentro de una comunidad tan grande, como la europea.
Los primeros dos viajes en los barcos suecos fueron agradables. La gente en el bordo disfrutaba del sol y nada les importaba el fuerte viento. En la cafetería esperaban tranquilamente en la cola, y el personal trataba a todo el mundo con amabilidad y todos hablaban inglés. Fue realmente muy fácil acostumbrarse de todo eso.

En el barco hacía Rostock fue diferente. La mayoría de los pasajeros no eran suecos, sino gente de Europa del este, Alemanes, de Ukrania, Russia, Bulgaria, Eslovaquia... y República Checa. Muchos de ellos eran choferes de los trucks u obreros. Y de repente, después de acostubrarme ver a los suecos bien vestidos, deportistas, sanos y bien nutridos, me chocó ver la gente del "otro Europa", gastados, gordos, calvos, con ojeras, mal olientes y en ropa vieja... Pero no solo fue la apariencia sino también el comportamiento. La gente llegó corriendo a la cafetería, chocando con los demás, adelantandose y gritando al personal en ruso (o lo que sea), ignorando que eran alemanes, y llevándose con avidez una cantidad de comida que no se podían comer.
Me dije: ¡bienvenida a casa! y me invadió una mezcla de verguenza y tristeza al pensar que así nos ven los suecos (alemanes, francéses, ingléses..) también a nosotros. O sea, que es el mundo al que yo también pertenezco. Un mundo que aún no sabe bien hacía donde ir, ni que sabe caminar bien.

Pero luego, al preguntarme en que otro país quisiera nacer si tuviera la oportunidad de escoger, me di cuenta que no encontraría una alternativa mejor. Soy feliz de haber nacido en el lugar y la época en que nací. Me gusta el punto desde el que puedo observar el mundo, el punto que me ha moldeado para ser lo que soy ahora. Me parece más que perfecto haber nacido en el comunismo, vivir en él justo lo suficiente para recordar la tristeza y el vacío en los que se acostumbró a vivir la gente, y que éste se haya derrumbado justo cuando empecé a tomar conciencia. Que pude estudiar ya en una época de más justicia y libertad, que he vivido el cambio, que he visto como nace la democracia y que tan difícil es aprender a no descuidarla nunca.

27 jun 2010

No me basto

A veces no me reconozco. No soy la que pienso ser. Y es que es una de las épocas de transformación en la que ya no me basta ser la que soy. Recién descubro que ser mujer implica ir transformándome de una época de la vida a la otra, redefiniéndome con cada papel que me toca representar. Como un renacuajo que pierde sus aletas al convertirse en rana, la niña también pierde algo de sí durante el proceso de convertirse en amante, pareja, esposa... madre. Hasta ahora no me queda claro como funciona eso de transformarse. Muchas veces observo mujeres en la calle y me pregunto como han sido cuando tenían veinte, y adónde se han ido esas chicas.

Ultimamente el tema de la maternidad me está atacando de todos lados. Hasta el cansancio... Tengo la oportunidad de observar como se van transformando las mujeres en mi alrededor. Poco a poco perdí casi todas las amigas que tenía. Suena duro, pero es un poco así. Se han vuelto madres y a pesar de haberme/se asegurado de que nada va a cambiar (“Si te hable de los pañales, me paras nomas!”) las conversaciones que tenemos ahora ya no son las de antes. Me buscan como a la amiga con la que pueden conversar de otros temas, no solo de sus hijos, pero como que no les sale. Y yo no las paro cuando me hablan de “los pañales”, porque me parece injusto. Las escucho, pero es como si me hablaran del otro lado del río.

Quizás ahora parezco una mujer anti-niños. Pero así no es. Los niños siempre me han gustado y parece que yo les gusto también. Me encanta pasar el tiempo con mis sobrinos u otros niños, disfruto de la posibilidad de encariñarme con niños que no sean míos. Creo que siendo madre dificilmente sentiría eso. No pienso que al convertirse en madre se acaba el mundo. Pero según lo que veo, cambia bastante. Nunca he tenido dudas si ser madre, pero creo que tengo miedo a perder mis aletas.

Por eso se me hace difícil identificarme con la mujer que soy ahora. Me siento atrapada en el tiempo, un renacuajo sacado del agua pretendiendo seguir nadando pero muriendo con cada respiro. Siento que no puedo seguir así. Necesito volverme un ser nuevo, uno que sepa respirar el aire sin ahogarse. Y no sé como hacer...

28 abr 2010

Traduciendo

Tengo en mi mesa veinte cartas de niños de Paucartambo. Son cartas de los niños peruanos a sus padrinos checos, padrinos que desconocen pero gracias a los que pueden estudiar. Esta ayuda para los niños talentosos y pobres del departamento Cusco organiza Fundación Inca, una pequeña organización fundada por Olga Vilímková después de pasar un año enseñando en un colegio del departamento de Cusco. Desde el año 2001 ha aportado ayuda a más que 930 niños, muchos de ellos se han graduado y ahora ejercen sus profesiónes en sus comunidades y una niña recibió beca del gobierno Checo y entró a la universidad de Praga, donde estudia en checo.

Yo, a parte de ser orgullosa madrina de un chibolo, me ofrecí de traductora de las cartas al checo. Para mí es una experiencia única, un contacto mas cercano y autentico que podría tener. La mayoría son niños del 4to hasta 6to grado, y es interesante ver el dominio del español de los niños, cuya lengua materna es quechua. Me causa mucha ternura leer frases tipo: "En bacacion e estado halegre y felis" o "Me despido con fuerte huabraso" o "Ser proficional sería un grande triunfo para mi, sería ser feliz."

Algunas de las cartas son un poco repetitivas, se nota que el niño no supo que escribir, entonces ha puesto lo que la maestra le dijo. Algunos cuentan de sus vidas, describen sus casas, familias y costumbres en el pueblo. Uno hasta escribió un poema, donde cuenta:"...hay jugando con mis hermanitos, hay riendonos, haciendo chistes, con mis amigos habeses pasteando mis hobejitas y habeses subiendo ha Huallamoco dar pasto a mis conejos". Hay historias mas personales, en las que se nota que el niño no sabe expresarse bien en castellano, así que no se entiende bien. Hay una carta indescifrable, que ni reconozco si es español o quechua, que parece ser de un dislexico.

Y hay tambien historias tristes y conmovedoras, donde el niño le cuenta sus penas al padrino, siendo el la única persona a que puede quejarse. Una niña cuenta de su papá boracho que la pega a ella y a su madre, o de un profesor que pega a los niños en el cole: "mi profesor era malo, nos sobaba con puntero". Dice: "Padrinos mios, quiero que vengas, yo no puedo venir porque Praga es lejos. Pero un poco les conosco en buestra foto...".

Me pregunto como será el futuro de estos niños. Como les influirá la experiencia del encuentro con el otro mundo? Cómo seguirán estudiando, si ya en Cusco se encontrarán con discriminación de parte de los ciudadanos de su propio país? Les servirá saber que en algún lugar lejano hay alguien que los considera dignos de una buena educación? Les ayudará sentirse mas seguros? Y se cumplirán las expectativas de que los graduados se quedarán trabajando en sus comunidades, y no se irán a vivir "una vida mejor" a una de las ciudades más grandes?

No se sabe. Pero yo quiero creer que les servirá, sin importar si siguan estudiando o no, ya solo para ver que saber leer y escribir sirve para algo más que sacar buenas notas. Y que no solo importa el dinero que uno regala sino cuanto interés en el otro demuestra y cuanto cariño le pone a las palabras escritas. Porque es bueno ver que puede haber un diálogo entre dos personas que no hablan el mismo idioma, que viven muy lejos y que ni siquiera se han visto. Que a pesar de tantos obstáculos la carta al final llega a su destinatario. Quiero creer que uno llega a transformar su mirada, sus actitudes y sus valores al ingresar en el universo del otro. Porque el diálogo cambia a sus participantes y, al confrontarlos, los vuelve más humanos.



Cita: Cultura de paz, bilingüismo e interculturalidad,
Juan Carlos Godenzzi
Fundación Inka: http://www.inkaperu.cz/

26 feb 2010

El aniversario

En noviembre del año pasado Perú y yo cumplimos diez años. Para mí fue un amor a primera vista. Y a pesar de que nos conocimos por casualidad, sin haberlo planeado o siquiera pensado antes, fue un encuentro que ha marcado mi vida. No me imagino quién sería hoy sin haber hecho aquel viaje. De niña he visto un documental sobre los astronautas, donde uno de ellos comentaba sobre su experiencia de ver el planeta Tierra desde el universo. Dijo que sentía una mezcla de ternura y responsabilidad. Un sentimiento por el planeta que le ha cambiado la perspectiva para siempre. No sé porqué se me grabó tanto su testimonio, pero creo que también deseaba algún día sentir algo así.

Me sucedió cuando he cruzado el Atlantico en mi primer viaje a Perú. Y aunque hasta ahora no llego a descubrir porqué y para qué este vínculo se ha hecho tan fuerte, le encuentro cierta lógica. Uno tiene que tener una predisposición para poder apreciar y querer ciertas cosas, paisajes o personas. Yo inmediatamente reconocí que llegué al lugar de mis sueños, o mas bien a un lugar del cuento que ni me atreví a pensar que existía. No es que hubiera encontrado algo tan bello o idílico, pero era algo fuerte que no podía ni quería resistir. Una fuerza que hasta ese momento en mi vida faltaba. De repente no importaba que no hablara el idioma, simplemente decidí comprenderlo, comunicarme de todas maneras.

Si ahora me pregunto que cosa fue que me gustó tanto, no podría decirlo. Fueron unos veinte días en los que solo he visto Lima y la costa del norte. Muchas cosas me han chocado, sorprendido, me han dado pena, me han encantado o disgustado. He visto sitios y personas que me daban miedo. Pero no pude dejar de sentir la atracción y curiosidad. No siempre lo atractivo debe ser positivo. O sea, puede ser positivo por despertar fuertes emociones, si es lo que buscamos. E igual, no todo lo desconocido tiene que ser atractivo, pero lo puede ser si nos interesa. A mí me interesaba. Miraba la gente en la calle y me preguntaba de que hablaban, los veía dormidos en las combis y me preguntaba hacía donde iban y que vidas llevaban, leía palabras como "Canto Grande" y "Puente Piedra" que no entendía pero me sonaban sumamente poéticos. Me preguntaba cómo era el pueblo del nombre "Peaje", cuyos luces brillaban en la oscuridad del desierto.

Desde entonces he aprendido un montón de cosas. No solo de Perú sino tambien de mí misma. Me di cuenta que hablar el castellano ha despertado cosas en mí que desconocía. No sentía el mismo miedo de expresarme como me sucedía en checo. He descubierto que ese miedo causado por el hecho de no saber lo suficiente, el hecho de no ser perfecta que tanto me paralizaba siendo checa entre los checos, ese miedo desaparecía al convertirme en la extranjera que no tenía que hablar bien y de la que hasta se esperaba que sea diferente. Era algo muy liberador, algo que me ha ayudado a desenvolverme.

El español no era el primer idioma que estaba aprendiendo, pero ni con el ruso ni con el inglés me ha sucedido algo parecido, porque no los tenía asociados con nada concreto. En cambio el español era parte de algo más complejo que no aprendía para aprenderlo, sino para entender un mundo. He descubierto muchas paralelas entre el checo y el español, sobre todo en la manera de decir las cosas, de crear las frases, en la flexibilidad de las palabras. Se dice que el español es fácil de aprender, por lo menos en el principio. Yo comencé leyendo y escribiendo cartas. En esa época pasaba mucho tiempo viajando en tren de Praga a Moravia. Todos los fines de semana emprendía el viaje de 5 horas y me lo pasaba con mi libro y el diccionario, escribiendo. Pero igual, al llegar a Perú la segunda vez, no entendía mucho. Podía decir casi todo lo que necesitaba pero acostumbrarme a la velocidad y la habla de los limeños fue mas difícil. El misterio de las palabras seguía ahí, y llegar a comprenderlas se ha vuelto una pasión para mí. Vivir aprendiendo me causaba mucha satisfacción. Después de los siete meses soñaba en castellano.

Antes, cuando hablaba conmígo misma, me hablaba en dialecto praguense a pesar de que en voz alta no era capaz de dejar mi acento moravo. Ahora ya adopté el acento praguense y el moravo no me sale, pero en mi mente me hablo en castellano. No siempre, pero muchas veces es así. No sé porqué, pero hablando castellano soy otra. Más expresiva, más comunicativa y más alegre. Pero también más atrevida, más coqueta y más grosera. Por lo menos eso creo. Porque no lo sé. No puedo saber como es mi versión en español. Igual que nunca sabré como suena cuando hablo, que tan fuerte es mi acento o cuantos errores cometo. ¿Pero qué importa? Lo importante es que hay personas que a pesar de todo entienden lo que digo.

29 ene 2010

La escapista

Ultimamente me cuesta escribir. No sé que decir, de que hablar. Me siento tonta. Otra vez me afierro a la imagen que no me obliga analizar y pronunciar palabras concretas. De pronto serán dos meses desde que me fuí de Perú pero hasta ahora no siento volver del todo. Todas mis idas han sido difíciles, y esta no fue diferente.

En uno de mis posts anteriores digo: "Hasta ahora no llego a descifrar la razón por la cual no puedo dejar de extrañar el Perú. Pero ya ni trato de entender, simplemento lo acepto". Pero ahora veo que no es así, que la question "porqué" sigue aquí y yo trato de darles algún sentido a mis viajes, que muchos de mi alrededor llaman escapes.

Hasta tuve una conversación con un sicólogo sobre el tema. Y él al escucharme me dijo que según parece, mis estadías en Perú son una especie de vacaciones, o sea un tiempo en el que me libro de las presiones y responsabilidades de mi vida cotidiana. Un escape de mi realidad. Y los regresos a esa realidad obviamente me resultan duros. Pero, dijo tambien, la questión no es porqué me gusta estar de vacaciones sino porqué me resulta tan difícil vivir mi realidad.

Me llamó la atención la comparación de mis tiempos en Perú con las vacaciones. Hace un tiempo escribí un post sobre el tema (Las vacaciones). En él contaba sobre el colegio, que lo veía como pérdida de tiempo, una obligación que me impedía hacer lo que realmente me gustaba. En este sentido las vacaciones era mi tiempo soñado, en él me sentía libre y feliz. Desde que tenía diez cada verano iba a acampar por tres semanas con un grupo de pioneros. Era la primera experiencia de estar sin los padres y aprender a ser independiente. Me encantaba. Pero cuando el campamento se acababa y yo regresaba a casa, no paraba de llorar. Me encerraba y no hablaba con nadie, sabiendo que era imposible compartir la experiencia con gente que no la ha vivido. En unas semanas me acostumbraba, pero el resto del año no dejaba de soñar. Y el dibujo me servía como soporte de mis sueños. Hasta ahora guardo una libreta llena de dibujos que hice en las clases. Están llenos de niños en bosques o en islas perdidas en el océano.

Y parece que desde entonces no ha cambiado mucho. Desde hace diez años no dibujo otra cosa que el Perú. De vez en cuando me escapo al bosque y volver a las clases me choca. Y no dejo de soñar. Pero, tambien me pregunto si realmente me gustaría acampar todo el año. Y que tal si resultaría que extraño las clases?! O que la isla bonita perdió sus encantos al darme cuenta que allí me quedaré para siempre? Y de allá a donde me escaparía?

27 dic 2009

Hallazgos inesperados

Nunca he tenido una casa grande ni he vivido en una. Pasé toda mi infancia en el mismo departamento y luego, durante mis estudios, he transitado por varios espacios mas o menos pequeños. Pero han habido casas que tenían cierta importancia en mi vida. Primera es la cabaña en el medio del bosque que compraron mis abuelos artistas en los años sesenta, donde creció mi padre y donde pasábamos todos los fines de semanas y vacaciones enteras. Es una casa pequeña con un solo espacio abajo y la azotea para dormir. La otra casa que marcó mi vida era la casa de mi otra abuela, situada en una ciudad minera en el norte de Bohemia. Esta sí era una villa grande, con un pasado bastante dramático. Los papás de mi madre se casaron en los últimos años de la guerra segunda y siendo hijos de campesinos no tenían nada. Al terminar la guerra nos han devuelto las zonas ocupadas por los alemanes durante tan llamado Protectorado. En esos territorios vivían muchos alemanes, ya por generaciones, tenían sus tierras y propiedades, vivían ahí al lado de los checos cientos de años. Esas familias después de la guerra han sido expulsadas sin importar si colaboraban o no con los nazis, fueron expulsados por su origen nomás. Y por la misma razón se ha desocupado tambien la villa a la que, entre otras familias, ha venido a vivir la joven pareja de mis abuelos. La villa se ha vuelto propiedad del estado que les adjudicó un piso. Allí nació y creció mi madre. Con los años las otras familias se habían ido y mi abuelo ha podido poco y poco comprar la casa. Cuando yo era niña visitábamos la abuela una vez al año, en los veranos. El viaje era largo, había que cruzar todo el país. Tomábamos un tren nocturno y el día sigueinte llegábamos. Ya solo el viaje era una aventura. Mis papás con dos mochilas, a las que tenía que entrar todo para ellos y sus tres hijos... La villa se hallaba dentro de un jardín grande con árboles de manzanos y unas colmenas que quedaron de mi abuelo apicultor. De sus ventanas se veía el río Elbe, un río bien grande, y encima del río se alzaba un castillo medieval de piedra...

En las dos casas he vivido unos tiempos felices, tiempos en los que me sentía segura y protegida. Las estoy recordando porque en mis sueños siempre paseo por unas casas así. No son exactamente las mismas, pero son casas que en algun momento conocía y vuelvo a ellas despues de mucho tiempo. No es el mismo sueño que se repita, son diferentes las casas, pero la historia se parece. Entro a la casa que en principio ni sé que la conocía. Es una casa deshabitada pero con los muebles y cosas adentro. Me gusta entrar a lugares así, me gusta encontrar y rescatar objetos abandonados por otra gente. Pero mientras paseo por sus espacios, voy descubriendo objetos que me son familiares, y de pronto reconozco en ellos cosas que en algun momento tenía o los tenía algun pariente mío. Me alegro por aquel descubrimeinto, me sorprendo por haberme olvidado de la existencia de esta casa y de todos sus tesoros. En algunos de mis sueños sé que es una casa que conocía pero al entrar a ella voy descubriendo otros cuartos y espacios de los que no tenía ni idea a pesar de haber vivido allí por mucho tiempo. A veces encuentro un jardín o un balcón que me hubiera encantado tener antes. Me arrepiento pensando que tonta e ignorante he estado en todo aquel tiempo viviendo allí sin haber abierto la puerta que conducía al jardín (balcón o otro cuarto). No entiendo como no me había fijado de esa puerta antes. Pero sé que ya no puedo volver a vivir en esa casa. Y sé que no seré yo quién gozará de esos nuevos espacios.

Hoy soñé una casa en la que encontré unas plantas mías. Siempre me gusta tener mis plantas, cuidarlas y ver como crecen. La gente dice que tengo buena mano con las plantas. Pero cuando viajo las tengo que dejar con otra gente y no siempre les va tan bien. En este sueño encuentro mis plantas muy mal. Lo que pasó al parecer es que me había olvidado de ellas. No sé por donde andaba, pero se quedaron sin alguien quien les echara el agua y cuidara de ellas. Parece que me había ido por mucho tiempo y la gente de la casa se había ido. Y no solo se han quedado descuidadas sino parece que alguien intentó a matarlas. Las macetas estaban rotas y sus troncos tenían cortes de cuchillo. Muchas de ellas estaban secas, otras a punto de morir. Me arrepentí de haberlas dejado. Pero ya era tarde. Me puse a llorar. Me desperté.

6 dic 2009

Pequeña muerte


Estoy por irme. Y no quiero. Por cuanta vez me está pasando y cuantas veces más volverá a pasar? No debería mejor acostumbrarme, aceptar lo que yo misma he escogido? Pero es que es imposible acostumbrarse, odio las despedidas, no soporto las rupturas, no quiero que el tiempo se me acabe y no me gusta pensar que las cosas seguirán sin que yo formara parte de ellas. Como una pequeña muerte. Una vez aquí y otra vez allá...

Ir y volver, es lo que hago. No me hace bien, y no hace bien a la gente que me quiere. Pero, qué es lo que debería hacer? Dejar de ir? Ir y no volver? Quedarme? En donde? Hay tantas preguntas y tan pocas respuestas. Tengo miedo de decidirme. Tengo miedo de equivocarme. Tengo miedo de lastimar a mis proximos y tengo miedo de engañarme a mí. Tengo miedo de quedarme sola donde sea.

Es curioso ver como las cosas que creíamos manejar de repente nos alcanzan y se vuelven un obstáculo que nos impide seguir. Me doy cuenta que no soy tan libre ni independiente como pretendía. Que no soy fuerte, ni tan estable. Que soy insegura. Que no sé.

6 nov 2009

Acerca del trabajo

Para ir de mi casa al supermercado camino unas cuatro, cinco cuadras. Encuentro a varios guachimanes por el camino. La mayoría ya me conoce y me saluda. En la casa vecina hay dos, uno del día y otro de noche. En la esquina hay otro, en Saenz Peña hay por lo menos cuatro. En la siguiente cuadra hay uno mas y de vuelta por el malecón hay otros cuidando los edificios con la vista al mar. Son unos hombres jovenes y fuertes, y lo único que hacen es que estén todos los días o noches parados en la calle sin hacer nada. No quiero decir que fuera un trabajo facil, es duro aguantar el frío y no dormirse en la noche. Pero debe ser tambien terriblemente aburrido. Me pregunto que tanta satisfacción les puede traer. Se sienten realizados en sus vidas o les basta con que tengan un trabajo estable para poder mantener sus familias? Cuantos hombres así desperdician la energía para supuestamente proteger el sueño y propiedades de otros? Cuanta seguridad nos brinda un solo hombre semidormido? Y hay realmente tanto peligro para que sea necesario todo esto?

Pienso que preferiría hacer cualquier otra cosa. Fabricar o cultivar algo, aprender algun oficio. Cocinar. Limpiar. Cuidar niños. Manejar un taxi. No sé, simplemente hacer algo y no solo estar parada en una esquina. Sé que no es facil encontrar un trabajo bueno sin calificación alguna. O incluso con ella. Me parece que en el Perú hay un desprecio hacía el trabajo manual. Antes de graduarme he trabajado en diferentes áreas. Siempre han sido unos trabajos temporales para poder pagar mis gastos durante los estudios. Es una cosa bastante común en la República Checa. La educación es gratis, pero los estudiantes trabajan para pagar sus alquileres y todo lo demás. Algunos trabajan solo en verano, otros todo el año. Yo he trabajado de mesera, de mucama, de niñera, limpiando, lavando ventanas, y también en construcción y en agricultura (cosechando papas, tomates o manzanas). Algunos de los trabajos me han gustado mas, otros menos, pero considero importante tener la experiencia. Quizás fue igual de importante como haber estudiado, porque puedo imaginar que tan difícil podría ser mi vida sin haberlo hecho y así valorar el trabajo de la gente que no ha tenido la misma suerte que yo.

En el Perú las cosas son diferentes. Hay gente de los que se espera que hagan los trabajos manuales, y hay otros, que simplemente no los harían. Hay gentes que viven sus vidas rodeados de personas, que les ayudan a vivirlas. Estaría bien si para esta gente el ayudar a los otros sería solo un trabajo. Porque el trabajo, según como yo lo entiendo, es algo que nos gusta hacer o nos da medios para vivir. Idealmente son las dos cosas a la vez. Pero, para que le sirve la plata que gana a una empleada "cama adentro", si no para vivir su propia vida? Qué es lo que gana, que es lo que aprende? Quizás puede comprarse ropa, puede tener su televisor, puede salir de noche con sus amigas. Pero le da tiempo para tener un novio? Gana lo suficiente como para estudiar una carrera si bien tuviera tiempo para su turno de noche? Que es lo que aprende sobre el mundo y que es lo que podrá enseñar a sus hijos?

Y que es lo que aprende un niño, que pasa todo el día con una niñera? Va pensar que es una cosa normal que una mujer que no sea su madre le dedique su vida entera, sin tener derecho alguno de ser tratada como la madre. Su trabajo es darle todo su cariño sin poder recibir el amor correspondiente del niño. Esa no es una relación sana para ninguno de los participantes. Pienso que está bien ser una madre trabajadora, está bien pagar a una persona que cuide mi hijo mientras yo no puedo estar, pero no le puedo pedir a nadie que no tenga su propia vida y que la dedique a mí o a mi hijo. Para que sirve tener hijos y no poder estar con ellos?

No me haría feliz limpiar una casa sin tener la posibilidad de limpiar tambien la mía. Me haría muy triste criar un niño que nunca me llamara mamá. Y tampoco me imagino vivir al lado de alguien sin compartir mi vida con él, saber, que aunque tenga la misma edad que mis hijos, vive en un cuarto de 4 m cuadrados al lado de la cocina. No me gustaría que mis hijos crecieran en un ambiente así, que se acostumbraran de ello. No me parece bien no aprender a limpiar lo que ensucio y no saber preparar nada de lo que como. No.

Tal vez habría mas seguridad si los guardiánes pasaran las noches en sus casas. Habría mucho menos niños infelices si las madres estuvieran con sus hijos. Las empleadas no deben hacerme un favor trabajando para mí, ni yo a ella dándole ese trabajo. Debería ser un servicio como cualquiera, un trabajo que a ella le permita tener su propia cama "afuera". Todos deberían tener su propia vida tal como pueden hacerla. Sería mejor si el trabajo solo fuera trabajo y no el destino.

8 oct 2009

La soledad

Siempre escucho historias de gente que buscan la felicidad en una relacion y no la encuentran. No encuentran a la persona con la que podrían compartir sus vidas. Siempre creí que la soledad para mí fue algo natural pero, en verdad, nunca estuve sola. Siempre compartía mi vida con alguien de quien creía depender mi felicidad. Pero por alguna razón atraía a los hombres eternamente infelices. Cuando la infelicidad fue demasiada, me iba. No fue facil, simpre intentaba a soportarla pero al fin aprendí a distinguir mi propia infelicidad de la de ellos. Me había demorado años. Pero al deshacerme de la carga, mi propia infelicidad ya no pesaba nada. Fue un gran alivio darme cuenta que mi felicidad no dependía de nadie. Cuando creí que por fin podía estar sola y disfrutarlo, conocí a alguien tan feliz como yo. Alguien quien no me necesitaba para transmitirme sus penas. Fue un gran descubrimento. Desde entonces tengo mas espacio para mis propios desgarros. Es boníto tener a alguien a quien pueda contar todas mis debilidades y así recargar mis fuerzas. Pero tambien veo que con ciertas cosas estaré sola siempre. Existen cosas incomunicables y cosas a las que no hay respuestas conciliadoras.

Somos solos. Saberlo da miedo y aceptarlo es lo mas difícil. Parece que en la vida hacemos todo lo posible para olvidarnos de la soledad. Buscamos el amor, nos rodeamos de amigos, tenemos hijos. Todo eso nos ayuda a vivir pero en realidad seguimos solos y eso no cambia. Y aunque suene raro, el darme cuenta de ello me tranquiliza. Me asusta tambien pero me hace ver mis relaciones de otra perspectiva, quizás mas realista. Ya no las veo como algo que me salve de mi soledad. Mas bien es algo que me ayuda a vivir con ella. Me permite sentirme mas libre y la vez responsable por mi propia (in)felicidad.

30 sept 2009

En Lima



Lima. Una vez más tengo la oportunidad de hundirme en ella y através de la neblina tratar de ver las cosas con mas claridad. Me gusta volver pero no me emociono de estar aquí. Me gusta y no me gusta, creo que necesito de contradicciones. Hasta ahora no llego a descifrar la razón por la cual no puedo dejar de extrañar el Perú. Pero ya ni trato de entender, simplemento lo acepto. Cuando la gente me pregunta por qué he venido, no sé contestar bien, y es que no vengo a hacer algo realmente especial, algo que no podría hacer en Praga. No. Es que solo quiero estar, estar un tiempo tratando de explorar más del extraño vínculo que tengo con este lugar.

En los últimos días que estaba viendo la tele y leyendo los periódicos, tratando de enterarme de lo que está pasando en el Perú, me llamó la atención la crítica del (no)funcionamiento de los espacios públicos en Lima, los proyectos absurdos de los alcaldes, invirtiendo en obras que al final no le sírven mucho al público. Lo cierto es que el espacio público en Lima es muy difícil de habitar. Muy rara vez se permite a la gente que lo usara según como ellos quisieran. No está hecho para agradar sino mas bien para impresionar, para representar al alcalde, decir: miren cuanto he invertido en ustedes. Y sí, muchas veces solo es para mirar. El césped está para que se cuide, no para que crezca y menos para que la gente se siente o acueste en él. Es algo que daría mal impresión, atraería gente no tan representativa. Hay que mantenerlo todo en orden, el césped, las plantas, los arbustos, todo bien dominado, nada demasiado natural (que lo salvaje se quede en el campo). Y todo bien vigilado (te estamos protegiendo), pero no para que te sientas a gusto, sino para ayudar a mantener la orden, una orden que muchas veces es absurda, que impide hacer cosas que permitirían identificarse mas con el lugar, como por ejemplo hacer la parrillada en un parque que está al frente de mi casa. Y si no me permiten usar el espacio, tampoco voy a aprender a cuidarlo, porque no lo voy a considerar mío.

Esa sensación la conozco. Eso de sentir miedo en mi propio país, la desconfianza hacía los demas, la obligación de cumplir las ordenes sin sentido, el sentirse atrapado y culpable siempre... La experiencia de vivir en un sistema autoritario no parece ser muy diferente de la experiencia de un peruano. Estar emitido a una subestimación constantánea, ser considerado insuficiente de hacer decisiones independientes y por eso requerir de una autoridad que conozca mejor de nuestras necesidades.

La gente no se siente comprometida con el mundo que los rodea. No siente la responsabilidad porque no son ellos quienes hagan las decisiones. No se sienten obligados de cuplir las leyes porque no se identifican con las autoridades que las habían creado. La culpa se le echa a la autoridad. Donde no hay libertad, no hay responsabilidad. Pero me pregunto porque esto pasa en el Perú, donde la gente elije sus autoridades en unas elecciones democráticas? Me imagino que tendrá que ver con el concepto colonial que se va arrastrando através de los ciglos por todo lo que pasa en este país.

El proceso del cambio de un sistema autoritario hacía una sociedad civil lo asemejaría al paso de la infancia hacía la madurez. Se trata de admitir que a parte de ser un idivíduo formo parte de una família o de una sociedad, y que tengo obligaciones hacía ella. Pero, eso es lo mas difícil y se aprende con el tiempo. Y, en general, primero hay que pasar por una revuelta en contra la autoridad, para definirnos quienes somos como indivíduos. En este sentido los checos aún no alcanzamos a salir de la pubertad. En el caso de Perú me parece que sigue en una infancia prolongada y no muy idílica. Es un niño muy listo pero un poco facilista. Aún debe seguir en el colegio, ya ha aprendido a contar, pero falta que aprenda a leer y escribir. Cuando lo sepa, de repente se dará cuenta de todo lo que puede hacer y cuanto valor tiene.

27 sept 2009

NY



Mi primera vez en New York, mi primera vez en los Estados Unidos. De todo América lo único que hasta ahora he conocido fue Perú. No me imaginaba llegar hasta aquí, o sí, lo imaginaba, pero sabía bien que era el ejemplar de la persona al que jamas iban a dar la visa. Me resistía a pasar todo el trámite tan complicado y caro para que al final me dijeran que no. Incluso en mis viajes a Perú siempre buscaba pasajes directos para no tener que pedir siquiera la visa de tránsito. Me obstiné en no viajar a los EEUU antes de que no se cancelara la visa para los checos. Y ahora estoy aquí, en medio de Manhattan. A quién no le gusta ser parte de UE? A mí me encanta!

Durante el comunismo los EEUU para los checos eran una especie de mito. La gente estaba fascinada por todo lo que tenía que ver con el país "enemigo mas grande que quiere destruir nuestro mundo justo y democratico". Era lógico que había que prohibir todo lo que la gente adoraba tanto de la cultura norteamericana: la música, literatura, la forma de vestirse... En los años 50 podían detener o arrestar a los chicos admiradores del rocknroll solo por llevar el peinado de Elvis. Tanto miedo les daba. En las peliculas de lejano oeste que llegaban a los cines se mostraba la opresión del indio y el maltrato de los negros esclavos. Eso era parte de la propaganda así que podía ser mostrado. Pero los jovenes las apreciaban por otros motivos. Les gustaba la aventura, la naturaleza y el valor de los protagonistas. Les daba igual si se trataba de los indios o de vaqueros. Cualquiera era mas atractivo que los héroes del comunismo que les presentaban las autoridades.

En esa atmósfera han crecido mis padres y en una atmósfera no muy diferente he crecido yo. Por supuesto que en mi infancia ya todo estaba mas relajado, pero el acceso a los productos de América (bajo ese término los checos entedemos los EEUU) no mejoraba. Las cosas que llegaban por vías ilegales se vendían "bajo la barra" o sea en unas ventas informales que muchas veces se realizaban en las mismas tiendas del estado. Después de la caída del muro el mercado se abrió, la gente estaba ansiosa de comprar, leer y ver todo lo que antes no podía. Al cine llegaban películas de todo tipo, las películas eróticas las pasaban en los cines públicos. Empezó a salir un montón de libros, sobre todo los títulos que antes jamás hubieran sido aprobadas por la comision de censura. La gente empezó a ir a las iglesias, hacían yoga o se volvían budhistas o vegetarianos. De repente todo era posible. Fue una época embriagante.

De repente se podía salir del país, cruzar la frontera, viajar. Hasta ese momento yo había cruzado la frontera dos veces, una a la RDA, y la otra a Yugoslavia. Me acuerdo de nuestro primer viaje a Viena. Mañana temprano nos subimos a un bus con la mochila llena de sanguches y pasamos un día en Viena. Fuimos a una tienda de IKEA donde no fuimos a comprar sino ver las ultimas tendencias de diseño. Como si fuera una exposicion. Me sentí como la Alicia en el país de maravillas. Luego fuimos a una tienda de alpinismo y mi hermana se compró 10cm de cada cuerda, con los que luego se fabricó unas pulseras coloridas. Nada mas recuerdo.

Y bueno, ahora estoy en América, y me pregunto como se siente. Y no tengo la respuesta. Me doy cuenta que no puedo dejar de comparar la realidad con lo que antes me imaginaba. Es extraño, porque todo me es tan conocido sin haberlo visto nunca. O sí? Claro! Esa sensación que tengo viene de los libros que he leído y sobre todo de todas las películas que he visto. Creo que los EEUU es un país más mostrado en el cine, mas que cualquier otro país del mundo. El cine ha influido tanto mi punto de vista que con cada paso mío por las calles newyorkinas se me revelan imágenes, cada lugar lo tengo asociado con una escena que alguna vez había visto. Los policías de NYPD persiguiendo los delincuentes por la escalera de incendios en una calle estrecha y llena de basura. El inspector Kojak deteniendo los miembros de mafia en el barrio chino. Meg Ryan corriendo en el parque cerca del río, mientras que el futuro amor de su vida está pasenado su perro por ahí cerca (aún no se conocen). El crepúsculo en Central park, el sicópata en el oscuro túnel está esperando a su inocente víctima. Los detectives de CSI investigando en la Biblioteca nacional unos asesinatos causados por un libro contaminado con la radiación. Carrie Bradshaw, vestida en uno de sus modelitos extravagantes, en la escalera de su casa despidiendose de beso de su futuro, presente o ex-amante...

Las películas que vemos son historias que no vivimos pero hemos tenido la oportunidad de imaginar como sería vivirlas. Nos permiten pensar como acturíamos en situaciones que no hemos experimentado. Aceptamos las historias como parte de nuestra experiencia, nuestra memoria y recuerdos. Y como tales entran a nuestra inconsciencia, a nuestros sueños. Los sueños a veces parecen películas. (Que forma tenían los sueños antes de que se había inventado el cinematógrafo?)

Me imagino que uno se acostubra de todo. Pero yo dentro de las tres semanas en Nueva York no dejaba de reconocer las imagenes que se revelaban en mi mente. Y es justo así, ni mejor ni peor, cada de las películas muestra parte de la verdad. El cine americano es un retrato muy complejo y mas fiel de la sociedad que lo había creado.

24 ago 2009

Las idas y vueltas

Estoy preparandome para el viaje. Me quedan unos pocos días aquí, quisiera vivirlos como si nada, pero es imposible. El viaje ya se ha instalado en mí, en mi cabeza y en el estómago y no me deja en paz. Hablo de los viajes que de alguna manera forman nuestras vidas, los viajes que a mí me llevaron a escribir este blog. Los viajes que generan expectativas y tambien temores. Es un experimento en el que se debe intercambiar la certidumbre por la curiosidad, y la tranquilidad por una experiencia con un fin inseguro.

Los viajes que pienso y deseo cuando ninguno está en el horizonte son los más atractivos. Los inalcanzables. Cuando uno compra el pasaje y ya tiene una fecha concreta de la partida, la atractividad del viaje se disminuye día a día, hasta llegar los últimos que son los peores. Uno aún no está allí pero tampoco está aquí del todo, porque no puede hacer los planes del futuro con los demás. Es un tiempo que solo hay que dejar que pase.

En esos días uno se da cuenta de las cosas que está dejando atrás. De repente las cosas invisibles se hacen significantes. Porque al fin son ellas que forman nuestras vidas. Y son ellas que extrañamos después de estar más tiempo fuera del hogar. Cuando sufrí mi último „homesick“ grave, me puse a extrañar incluso las cosas que hasta ese momento no sabía que me gustaban. Comidas que se consideran típicas checas pero que casi nunca como. Ver las teleseries policiacas en la madrugada después de que se acaba la fuerza para trabajar. Comer las tostadas de pan viejo en la cama. Lo mas cotidiano que normalmente no considero importante, como ordenar mi casa, regar las plantas y tender la ropa limpia en el balcón de repente se vuelven algo que me define, sin que no sería yo.

Y luego hay momentos que no siempre valoro pero son los que me hacen saber donde tengo la casa. Los que hacen que vuelva. Es dormirse y levantarse al lado de la persona querida. Acariciar las mejillas de mi sobrino. Ir donde mis padres, caminar en el bosque. Poder habitar el paisaje de mi infancia, donde no tengo que estar curiosa, ni abierta, ni atenta. Donde solo puedo ser.

Sí, estoy teriblemente sentimental, pero de pronto se me pasa. Cuando cierro la puerta de mi casa y subo al metro con mi mochila rumbo al aeropuerto, cuando el avión se despega de la tierra, el peso se queda abajo y me invade esa extraña especie de felicidad sin motivo, o sin un motivo que se podría describir bien con las palabras. Y si se hace, suena cursi: la felicidad de vivir en un mundo donde las cosas pasan.

19 ago 2009

1!



Supersensación cumple un año.
Quisiera agradecer a todos los que se han dado el trabajo de leerme y dialogar conmígo. Gracias a otros bloggers, sobre todo a Talía, por inspirarme a compartir algo de mi vida con los demás. Gracias tambien a aquellos que no dejan de darme el ánimo que a veces falta para que sigua escribiendo. Gracias por volver a leer a pesar de los largos silencios que de vez en cuando me invaden. Gracias a este espacio virtual que permite compartir cosas reales.

4 ago 2009

La perfección

Uno pensaría que debiera motivarle cuando su esfuerzo sea valorado. No obstante a mí a veces me produce un efecto opuesto. Claro que me alegra saber que haya gente que les interese lo que escribo pero me hace pensar en las expectativas que genero en ellos. Y esas expectativas me paralizan un poco. Soy consciente de que son unas expectativas imaginarias y que mis desgarros no le vayan a quitar el sueño a nadie. Cuando empecé a escribir este blog no esperaba nada. No sabía porqué ni para quién lo hacía. Y ahora, sabiendo de que alguien me lea, que visite la página para ver que hay de nuevo mientras que yo no publico nada, pues eso me intimida.

Me acuerdo cuando una chica que conozco desde la infancia ha publicado su primer libro con bastante éxito. En las entrevistas siempre le preguntaban sobre su próximo libro. Y yo pensé que simplemente no podía dejar de escribir si bien quisiera. De repente se ha vuelto una escritora de la que se esperaban más y más libros...
Si lo pienso bien lo que me asusta es la responsabilidad por lo que hago. Seguir con la tarea que me propuse y llevarla a un cabo. E ir mejorando, madurando, perfeccionando. Pero cada vez más se me hace obvio que las expectativas no son de nadie sino mías. Igual que la inseguridad y el miedo de no ser capaz de cumplir mi propuesta. Soy yo entonces quién se paraliza a sí mismo.

Desde niña tenía la facilidad para varias cosas. Aprendía rápido, a veces más rápido que los demás, pero al alcanzar cierto nivel que me bastaba para realizar mis objetivos dejaba de esforzarme. Como si fuera una cuestion de supervivencia, aprendía una y otra cosa sin la necesidad de llegar a la perfección. Era lógico que mis compañeros que no tenían los intereses tan dispersos y escogían una sola área de pronto me superaban. Pero es que yo si me dedicaba a una sola cosa me sentía atrapada. Andaba cambiando de rumbos queriendo probar todo, sentía la necesidad de vivir varias vidas, tal vez para liberarme de la responsabilidad de ser buena en la una que tenía. Recuerdo haber querido aprender a tocar el violín y ahí mis padres ya me pararon, me dijeron que mejor me concentrara al dibujo. Hasta hoy no sé tocar ningún instrumento.

El dibujo. Lo único que no escogí pero que nunca dejé de hacer. En mi familia el arte era algo tan común y natural, que no aprendí a valorarlo. Pensaba que todos podían hacerlo. Me acuerdo que cuando tenía 18, al acabar los cuatro años de estudios de arte*, me sentía completamente inútil, envidiaba a los que estudiaron para ser carniceros o cocineros, porque tenían un camino claramente marcado sin tener que pensar porqué y para quién trabajaban. No me aceptaron en Bellas artes pues me quedé un año sin empleo y haciendo de todo, menos el arte. Estaba esperando que alguien me necesite pero solo buscaban las cajeras o secretarias. El siguiente año entré a Bellas artes y me propuse disfrutar de los estudios sin pensar mucho en que me esperara después.

No sé si fue la mejor idea pero la pasé bien y con el tiempo aprendí más o menos a superar el hecho de hacer algo que aparentemente no sea tan necesario, útil o que ayudara directamente a alguien. Apreciando el trabajo de otros trato de aprender a valorar el mío. Hasta ahora me cuesta, pero hago lo que sé hacer mejor de todo. Y de vez en cuando me pongo a coser, restaurar muebles, reparar las bicicletas o a escribir para quitarme el peso de encima. Porque, al fin, lo que se disfruta es lo que cuenta y no hay que ser bueno en todo. Y además, es una buena excusa eso de escribir en otro idioma... no?

*El sistema educativo checo: 8(hoy 9) años el colegio (obligatorios), 4 años la secundaria(high school), 5-6 años la universidad (en mi caso Bellas artes)

2 jul 2009

Las vacaciones

No, no me gustaba ir al colegio. En el principio me resistía, lloraba, pero luego me había acostumbrado. No tenía amigos buenos en mi clase, y tampoco habían maestros a los que hubiera querido. El colegio era un mal necesario, un tiempo que había que sobrevivir.

A pesar de ello no era mala estudiante. Pero tampoco era la mejor. Era promedia y para serlo no había que esforzarse demasiado. Entrando al quinto año los niños se dividían. Los talentosos se iban a la clase matemática y los demas se quedaban. Yo era buena en el dibujo, la lengua checa, geografía y biología, pero era pésima en matemáticas. Mis padres pensaban que como era buena en lo manual iba a sufrir estudiando. Puede que han tenido la razón, no era tan estudiosa, especialmente en las materias que no me parecían divertidas. Pues me quedé en la clase mediocre.

Cuando me aburría durante las clases, me ponía a dibujar. Era mi forma de soñar, de trasladarme a lugares mas bonitos e interesante, me permitía vivir unas historias extraordinarias. Mis dibujos a menudo estaban influidos por los libros que leía. Los libros era otro escape y mis dibujos eran un intento de acercarme a la realidad que solo existía dentro de ellos. La mayoría eran historias de aventuras, como el Robinson Crusoe, Dos años de vacaciones del Verne, Tom Sawyer de Mark Twain o novelas de Arthur Ransome. Lo que me gustaba dibujar eran unas islas abandonadas o bosques, habitados por niños.

Me consolaba la idea de las vacaciones, del unico tiempo que valía la pena. En esos dos meses de verano esperaba a vivir lo que el resto del año estaba soñando. Ahí sí me sentía libre, metida en los bosques, corriendo, nadando, o haciendo trabajos verdaderos como cortar leña. Y todo eso con gente que quería. Unos meses antes de las vacaciones hacía el calendario. Era una hoja grande llena de rayitas que representaban los días que quedaban hasta el julio, y cada noche tachábamos el día que acababa de pasar. Cuando se acercaba el fin de agosto, me deprimía, me angustiaba. No quería que terminara. Al septiembre realmente lo odiaba, con su olor a manzanas maduras, con sus lluvias y noches frescas.

Esas sensaciones se me quedaron grabadas. Aunque después del colegio había estudiado diez años mas, aunque en la universidad las vacaciones duraban hasta el fin de septiembre, y a pesar de que hace tiempo que no tengo ningunas vacaciones, siguo viviendo según mi viejo calendario. Por él al comienzo de julio me siento libre y con ganas de vivir. Me hace feliz el solo hecho de andar descalza sin tener que abrigarme, de noche tener la ventana abierta, ver mi oleandro a florecer. Y tambien siguo odiando el septiembre. Y sé que por dentro siguo siendo la niña que se resiste a ir todos los días al colegio y que quiere escaparse a una isla de eternas vacaciones.

26 jun 2009

La fe

Cuando tenía cuatro años temía a la muerte. Quería mucho a mis padres y sabía que ellos me querían mucho a mí. Acostada en mi cama, después del cuento y el beso para la buena noche, en la oscuridad de mi cuarto me estaba imaginando que pasaría si mis padres murieran o si muriera yo. Recuerdo con claridad la imaginaria escena de mis padres llorando, vista desde el fondo de la tumba. Imaginarme eso me deseperaba muchísimo y siempre terminaba llorando pero a la vez no era capaz de sacarmelo de la cabeza. Era algo que no podía superar, fue la peor pesadilla que no me dejaba dormir.

Mi madre, muy preocupada, me llevó a un psicólogo. Hace poco leí los apuntes de las sesiones, donde el psicólogo describe una niña sumisa que le tiene miedo al mundo. La niña le decía que la mejor solución de los problemas sería no crecer, quedarse pequeña para siempre. Yo no recuerdo mucho de que estábamos hablando, recuerdo solo haber dibujado nuestra familia como animalitos. Tampoco recuerdo haberme deshecho del miedo. Creo que poco y poco aprendí ser más independiente, pero el miedo no se ha ido nunca. Si lo pienso ahora, creo que el doctor no pudo encontrar ningun problema a parte de que fuí una niña quizás algo sensible. En la familia andaba todo bien. Pienso que solo necesitaba un poco de fe, que no tenía de quien aprender.

En mi familia había respeto a la religion. Se podría decir que nos educaron según la ley cristiana, pero no había fe. Ni mis abuelos, e incluso los bisabuelos la tenían. No era nada raro, dicen que la historia complicada de mi pueblo tiene la culpa. Yo, la verdad, no sé. Mi generación que creció en la última década del comunismo estaba educada según las ideas del materialismo científico. El mundo era conocible y no quedaba espacio para creer. Recuerdo cuando me enteré de que el universo era interminable. Con mi mejor amiga de entonces nos echábamos al pasto y con los ojos cerrados nos imaginábamos la infinita oscuridad llena de galaxias. No se podía... daba vértigo. Lo mismo nos pasaba al tratar de imaginarse la nada.

Recuerdo haber tenido una amiga que a escondidas iba al catequismo. No llegaba a entender para que le servía. Mis padres nos contaban sobre el Cristo, sobre todo en la Navidad. Es interesante que en la tradición checa navideña los regalos siempre los traía Jesús, y nadie mas. Ningun Santa Claus ni "Abuelo Hielo" que tenían los niños en Rusia. Yo sabía que Cristo era un señor muy bueno que lo mataron y que revivió. Me sabía toda la historia, la conocía de mis padres que también nos llevaban a todas las iglesias antiguas que encontrabamos en nuestros viajes. Me enseñaron a admirar la arqitectura y las decoraciones, pero no me enseñaron a rezar.

Cuando tenía trece, me enamoré. Fue una relacion platónica pero fuerte. Cuando tenía dieciséis, el chico murió. Otra vez la muerte me agarró desprevenida para enseñarme que no tenía armas para protegerme. En la época que siguió la trágica experiencia fue cuando más sentía la carencia de la fe en mi vida. No entendía que pasó y que debía de hacer. No encontarba la manera de como reconciliarme con el mundo. Esa vez no se les había ocurrido a mis padres mandarme al psicólogo. No tenía con quien hablarlo, solo con el mismo chico que se había ido. Le seguía escribiendo cartas. No sabía a donde mandarlas pues me las quedaba. No sabía si él podía leerlas, pero quería creer que sí.

No sé que va pasar cuando las pesadillas de la niña, que no quería crecer, se hagan realidad. No se puede estar preparado. Ahora sé que la fe es un don. Es un regalo que no dejaré de desear.

20 jun 2009

Los miedos pronunciados

Acabo de leer el libro de Jaime Bayly "Y de repente, un ángel". Me lo acabé en dos días porque era facil de leer por usar el lenguaje común e dinamico. He disfrutado mucho la lectura, me gustó el tema y me divertí con las jergas. Me he dado cuenta que leyendo en español soy mucho menos exigente que en checo. Lo mismo me pasa tambien con el cine o con la musica. Simplemente disfruto del hecho de poder comprender y si es que no me guste del todo por lo menos aprendo algo nuevo.

Mientras estaba leyendo me dio muchas ganas de traducir el libro al checo. No paraba de pensar en como se tradujeran algunas expresiones e dialogos y descubrí algo interesante. Advertí de que en checo me faltarían buenos equivalentes a los insultos y groserías español-peruanas. No es que en checo haya menos palabras insultantes pero tienen otro significado.

Carecemos totalmente de las expresiones que tienen que ver con las madres, las partes de sus cuerpos o cualquier activiadad sexual donde figuraran. Tampoco comparamos las madres con las prostitutas, aunque el termino para decir "prostituta" es bastante popular al señalar personas que nos caen mal o, en el sentido mas abstracto, cuando algo nos desconcerta. Tampoco se usan palabras tipo malnacido o malparido, rara vez tratamos de bastardos e hijos de puta.

Las groserías checas mas populares en cambio tienen que ver con los fecales y el proceso de excreción. Las palabrotas mas efectivas en general deben contener la letra "r". A las personas desagradables no las mandamos al carajo sino a las partes traseras del cuerpo humano. Luego hay una cantidad de sustantitvos, adjetivos y verbos que se refieren a los genitales y al acto sexual, pero estas en general se usan para hablar de las actividades mencionadas y no tanto para insultar, como se suele hacer por ejemplo en inglés. Tambien encontramos en español muchos insultos referidos al origen, raza u orientacion sexual, lo que en checo tambien existe pero no se usa con tanta frecuencia.

Cada sociedad tendrá sus angustias y miedos que se reflejan en el idoma. Es notable que en la sociedad católica la madre juega un papel especial. Lo mismo se puede decir sobre el tema del origen y la legitimidad del niño. Lo que no me queda tan claro es que dice nuestro hablar sobre los checos. Que es racista e homofobica se puede decir de cualquier sociedad existente, de la checa tambien. Los checos hemos perdido la fe hace tiempo. Existen encuestas que comprueban que somos la sociedad mas atea del mundo. Yo diría mas bien que no confiamos a las iglesias e instituciones de todo tipo, hasta los partidos políticos. Los checos mayormente somos sin religion. Será que ya no nos quedan muchos temas intocables? Que insultar a las madres no nos resulta actual porque no tenemos una relacion tan estrecha en la familia? O acaso somos una sociedad tan avanzada de que consideramos a las mujeres (incluyendo las madres) unos seres libres que pueden decidir tambien sobre sus cuerpos y vida sexual sin necesariamente depender de sus hombres protectores?

Ahora ya estoy inventando... De hecho existan estudios sobre el tema, el idioma y la identidad social e nacional. He buscado en internet pero no encuentro. Alguien sabe de un texto relacionado al tema?

Disculpen por las palabras fuertes en este post, es que decirlas en otro idioma es tan facil!

16 jun 2009

Googleando la felicidad

Un día se me ha ocurrido poner el Stat-counter a mi blog. Es una aplicación "espía" que me dice de donde viene la gente que entra a mi blog. Por ella me enteré de que tengo un fiel lector en Sendai-Japón y que también tengo unos pocos lectores entre los checos. Mucha publicidad me han hecho Gonzalo y Talía, desde cuyos blogs vienen varios curiosos.

Sí, el counter no es nada discreto. No solo averigua desde que país se conectan sino también de que página web vienen y para donde parten. E incluso, si es que la persona viene de algun buscador tipo Google, revela la frase o las palabras que estuvo buscando. La verdad es que cuando puse el counter no tenía ni idea de esta función y tengo que decir que hasta me pareció impertinente enterarme del objeto de las búsquedas de la gente, si bien anónima. Pero al final me resultó lo más interesante.

Es obvio de que esta gente que llega a mi blog por casulidad en inmediato se dan cuenta de que no han encontrado lo que estaban buscando. Me sorprendidó cuantas personas andan buscando la felicidad por internet. O existe otro pretexto para poner al buscador frases como: "Estoy triste, quiero ser feliz" o "Como pasar de triste a ser feliz"? Es una ironía que han aterizado en mi post "Estar triste para ser feliz" donde desgraciadamente no se encuentra ninguna formula que les indicara a los infelices que hacer. Me gustaría ponerla, por si acaso vuelvan, pero tampoco la tengo.

Yo me considero una persona feliz, aunque mis tristezas me entran por varios motivos y muchas veces sin tener alguno, sobre todo en los meses de invierno. Me he acostumbrado de esos desequilibrios y los considero necesarios. La felicidad es algo irracional igual que la necesidad de buscarla. Creo que mas infeliz estoy cuando lo vivido no coresponde con mis emociones. Hace años, un (ex)enamorado me dijo que "la felicidad no era el sentido de la vida". Quizá no lo es pero sirve de motor. Yo sí quería ser feliz así que lo dejé.

La felicidad para mí sigue siendo el motivo. Necesito de esos momentos efímeros en los que siento que esta es la vida que quiero, con todo lo que trae. Aunque la mayoría del tiempo sean los intentos de alcanzar la felicidad que no dura...

Suerte a todos los que no dejan de buscar...

3 jun 2009

Humildad y humillación

Ya he hablado en este blog sobre varios aspectos del carácter peruano. En mis ojos los peruanos tienen muchas cualidades. Siempre he valorado lo amistoso y comunicativo que son. Admiro la perseverancia y la capacidad de adaptarse a las condiciones difíciles. Y a pesar de esas condiciones saben alegrarse y disfrutar de lo que hay. Esa levedad de ser es muy contagiosa. Pero hay ciertas cosas de las que no puedo ni quiero acostumbrarme.

No me acostumbro que en la caja de los supermercados limeños hay gente que acomoda mis compras a una, o varias, bolsas de plástico. Mis amigos me decían que simplemente les dejara a hacerlo, que era su trabajo y ellos estaban felices de tenerlo. Sabía que les pagaban por eso. Pero yo no podía dejar de sentirme mal al ver esos jovenes tan humildes y cuando podía, llevaba una bolsa de tela para poder acomodar mis compras yo misma. Aquí en Europa el trabajo en los supermercados no es de lo mejor y muchas veces lo hacen imigrantes, pero ninguno de ellos tiene esa actitud de sirviente. Y tampoco nadie la reclama.

En las cafeterías dentro del campus universitario trabajan jóvenes que no han tenido la suerte de poder estudiar. Hay otros que hacen limpieza o cuidan el jardín. Aunque los muchachos parecen relativamente contentos, me pregunto porque no hay ningun rastro de amistad entre ellos y los estudiantes. A pesar de tener la misma edad hay una distancia entre unos y otros claramente marcada que hasta parece natural. En las universidades en los EEUU estos trabajos los hacen los estudiantes junto con los profesionales. En Peru los empleados de la cafetería se sientan a una mesa apartada de los demás.

Otra pesadilla son los lustrabotas. No sé si es por la educación o de puro alibismo pero prefiero pagarle al niño por dejar mis zapatos cochinos que permitir que se arrodille delante mío. En un parque de Cusco he observado a una señora, acompañada por su hija y un pequeño nieto. Se le acercó un niño-lustrabotas y le ofreció su servicio. La señora aceptó y mientras su nieto estaba jugando en el parque, el otro niño se puso a trabajar. Fue increíble de como cambiaba su voz, dulce al hablar a su nieto y tan frío y duro al criticar la obra de otro niño.

Me estaba comprando una blusa en el mercado de Cusco. La vendedora me dijo que me quedaba bien. Yo le contesté que a ella tambien le quedaría. Y ella dijo que los colores en mí se veían mejor por el color de mi piel. Le dije que yo no lo veía así, que a cada persona le quedaban colores diferentes, pero que nadie sabía vestirse de los colores tan alegres y combinarlos tan bien como hacían las mujeres peruanas de la sierra.

En las ruinas de Quenqo me quedé conversando con un guachimán. Estaba tratando de coqetear conmigo, diciendome algo sobre mis lindos ojos. Le pregunté si los ojos claros realmente le parecían mas bonitos que los oscuros. No sabía contestarme. Al fin me dijo que muchos peruanos quisieran casarse conmigo para que sus hijos salieran con los ojos así. Para mejorar la raza, dijo. O sea para adquirir la vida mejor para ellos.

De donde han sacado eso? Que es lo que aprenden en sus casas y en los colegios? Es la humildad una herencia de la época colonial o es un rasgo que han tenido siempre? Es el resultado de la lucha diaria con el racismo y discriminación? Todos hemos experimentado algún grado de inferioridad en nuestra vida. Pero cuanta humillación se necesita para que se desarrolle un complejo que nos hace víctimas de nosotros mismos?

Me acordé de lo que me dijo un joven universitario limeño. Que a pesar de vivir en el mismo país él no se identificaba con los habitantes de los Andes porque no tenía nada que compartir con ellos. Es algo raro que no entiendo. Porqué es tan difícil de aceptar que todos formamos parte del mismo mundo? De donde viene la idea de que mi hijo es diferente del hijo de aquella mujer? Con esas ideas no nacimos, las aprendemos. Pero, como los chicos de la cafetería van a educar a sus hijos? Y el guachimán, como va a convencer a su hija que es bella con sus ojos negros? Y las chicas del Metro, esperarán que alguien acomode sus compras a la bolsa? O se irán al mercado donde compra „gente como ellas“? Y el nieto de la señora del parque... dejará que otros niños limpiaran sus zapatos. Porque así le enseñaron. Porque así debe ser.

17 may 2009

Los tesoros

En una epoca de mi niñez mi juego favorito era „de los niños pobres“. Hasta ese tiempo no había conocido a ningun niño pobre, o por lo menos eso pensaba. Fue entonces una influencia literaria mezclada con el romanticismo, que me hacía fantasear de un viaje en tiempo hacía atrás. Supongo que la propaganda que nos metían en la cabeza en el colegio también tomó su parte en mi fascinacion con la pobreza. Era algo que solo existía en el pasado o en el „otro mundo“ capitalista e hostil. En „nuestro mundo“ los pobres eran los buenos, los que tenían que ser liberados y tomar su poder. Y en „mi mundo“ ser pobre era una cosa atractiva e interesante.

El juego „de los niños pobres“ se realizaba en el campo a donde ibamos los fines de semana y donde pasábamos el verano. Mis padres se mataban de risa cuando obligaba a los demás niños vestirse de serranitos, quitarse los zapatos y mudarse de la casa al granero, donde vivíamos los pobres huerfanos. Para ganarse la vida había que ir a pastorear las cabras de la vecina o pedir algun trabajo a mis padres, o sea a los hacendados. Cada quién inventaba lo que le gustaba a hacer, pero aceptábamos tambien los trabajos que normalmente no nos encantaban. Yo hacía limpieza en la casa de los patrones, lavaba platos o trabajaba en la chacra. Mi hermanito se hizo herrero, se encerraba en el taller donde con un martillo aplastaba las tapas de las gaseosas, y así las convertía en monedas, que luego intercambiaba por el pan, queso u otras cosas que nos vendían los patrones. De noche prendíamos fogatas, ya junto con nuestros explotadores, y nos poníamos a cantar.

Estaba fascinada por el folclore y las costumbres del pasado o mas bien por el hecho de que en alguna epoca esas cosas se vivían en verdad. Y no dejó de impresionarme ni después. Cuando entré a estudiar arte y tuve que mudarme a la capital, me sentía algo perdida. Esa ciudad tan grande me daba miedo. Felizmente me podía quedar en el departamento en el que, en otros tiempos, habían vivido mis bisabuelos. Era un departamento que compraron después de que había nacido mi abuelo. El creció allá y ellos han pasado el resto de sus vidas en esa casa. Hacía años desde que habían muerto, y dentro de los siguientes años han pasado muchas personas viviendo en el departamento. Pero a pesar del tiempo la presencia de mis bisabuelos aún se notaba. La casa me guardaba sus tesoros. Estaban los muebles de los años 30, la ropa, la maquina de coser, la cocina con la antigua vajilla, las recetas escritas a mano, las fotos y finalmente, los libros.

Así he pasado los primeros años en Praga, leyendo las novelas de amor romantico, las historias de aventura y de viajes, y tambien libros de las primeras dos escritoras- mujeres checas del siglo 19. A pesar de no haberlos conocido, estaba viviendo con los bisabuelos. Caminaba por la ciudad y pensaba en como era antes. Sabía cuales edificios habían desaparecido en el „saneamiento“ del principio del siglo 20. o durante el bombardeo en la guerra II. La verdad es que vivía más el pasado que el presente, al que no encontraba mucho encanto.



En el tercer año llegué a Perú. Las circunstancias de ese viaje he descrito en el primer post de este blog. También ya he hablado de lo mucho que me impresionó ese viaje, tanto que no he podido dejar de ir hasta hoy día. La gente aquí y allá no deja de preguntarme de qué tiene tan especial ese país que es casi la única destinacion de todos mis viajes. Nunca he tenido una buena respuesta. Pero podría ser esa: En el Perú se juntan varios tiempos historicos. Tiene algo que en Europa ya no existe porque no se vive. Es la antigua cultura y tradiciones que a pesar de mucho esfuerzo no se han logrado a aniquilar. Que coexisten junto con la modernidad. Que tal vez, paradojicamente, han sobrevivido gracias a las condiciones que tanto complican la vida de los peruanos, la difícil geografía, gobiernos irresponsables, la falta de infraestructura y presencia continua de la pobreza. Todo eso junto con la impresionante resistencia de la gente.

En mi país fueron los 40 años del comunismo que arruinaron el campo checoslovaco. En el Perú hubieran sido los terroristas. Pero, hasta ahora siguen teniendo el tesoro. Y no se dan cuenta. Creen que lo que vienen a apreciar los turistas son las ruinas del imperio Inca o Mochica. Pero esas, si bien importantes, son solo unas piedras muertas. En cambio la verdadera riqueza de los peruanos está caminando en las ojotas por la sierra y el altiplano pastoreando llamas. O vive alejada de la civilizacion dentro del bosque. Lo que la mayoría desprecia es lo que les hace únicos en el mundo. Ese es el tesoro que yo les envidio. Y si no lo reconozcan al tiempo, si una vez se pierde, no lo van a recuperar jamás.