29 mar 2009

Cherwuish



Entre todas las historias de las relaciones entre mi país y tierras de Sudamerica hay una especial. Es la historia del „primer indio“ que ha pisado el terruño Checo.
En 1904 el joven viajero checo Alberto Vojtěch Frič visitó Puerto Esperanza. Es un pueblo paraguayo situado a orillas del río Paraguay al Norte del Gran Chaco. Esta zona pantanosa estaba habitada por la tribu Chamacoco. Frič conoció esa tribu en circunstancias dramaticas durante una gran inundacion.

Sobre esa época cuenta Frič en su charla sobre el Chaco del 1911: „¿A quién se le habría ocurrido que en este país tan ajeno iba a encontrar lo que vanamente buscaba por otras partes - la amistad? Que entre esos „bárbaros“, de los que se dicen cosas mas crueles de las que cuenta su propia mitología, iba a encontrar gente tan relajada y sonriente.
Y que iban a aceptar como miembro de la tribu a un extranjero de un color de piel distinto, de una lengua y costumbres incomprensibles, y es más, que me iba a sentir entre ellos como en casa.“


Frič se enamoró y se casó con una mujer de la tribu, llamada Lorai y tuvieron una hija. Se quedó a vivir en el pueblo donde conoció tambien a Cherwuish Pioshad Mendoza quien, en el año 1908, acompañó a Frič a Europa como voluntario para dejarse examinar por médicos checos y buscar un medicamento para curar la enfermedad que amenazaba con extinguir a su tribu.

Frič cuenta: Cuando llegó el día de mi partida se me acercó el jefe de la tribu Lari y me dijo: „Nunca he visto las cumbres de montañas ni las ciudades llenas de gente ni tampoco los arboles que en vez de hojas tengan pelo como de un javalí. Me gustaría conocer a tu famila, tu gente de piel pálida y pelo rubio. He visto solo las almas de todo aquello (las fotos) pero ahora quisiera conocer a los cuerpos. Tu te vas y yo iré contigo.“

Pero al final el cacique cambió de opinion: „Mi gente no es como la tuya“ dijo. „Tenemos otras costumbres. No me puedo ir. Mi mujer está embarazada y en mi tribu la matarían si se quedara sin marido. Mi mujer es guapa, no la voy a dejar. Pero lleva a mi primo Mendoza. Es listo y sincero. Cuando regrese, nos contará todo.“ Así pasó que Cherwuish viajó a Europa. Me preguntaba como vaya a ver nuestro modo de vivir, si le gustará nuestra civilisacion y que vaya a criticar.



Dentro de dos días un barco nos llevaba hacía Asunción, donde Cherwuish por primera vez vio edificios de varios pisos y le extrañaba porque los blancos construyen un pueblo encima del otro si alrededor hay tanto espacio. Su talento para observar fue extraordinario y su logica implacable. En principio se negaba a usar ropa, pero antes de llegar a Buenos Aires aprendió vestirse tal como seguir la etiqueta en la mesa. En Viena me acompañó al congreso americanista e incluso a una recepcion en la municipalidad.


Le quise enseñar todo. Vio las montañas, el mar, el ferrocaril, el vidrio en las ventanas, los caballos en las calles, los tramvías y automóviles. Ha conocido Genova y Viena con todo su lujo, con los tobogánes en Prater. Cherwuish lo observaba todo con mucha atención pero de repente se puso a llorar:“Alberto, nada es como creía. En mi pueblo dicen que Europa es un río, el viento trae la ropa al río y la gente la saca y se la pone. Por eso los europeos pueden cambiarse la ropa cada día. Ahora veo que es mentira! La gente no me va a creer, van a decir que estoy inventando o tendré que mentir y decir que no llegué ni a Buenos Aires.“

La triste verdad es que Cherwuish no se ha equivocado mucho. La estancia de un año en Bohemia (así se llama la región donde se encuentra Praga) cambió a este joven indígena tanto que, al regresar a su pueblo natal, tuvo enormes problemas con sus familiares y amigos, que lo consideraban un mentiroso cuando les contaba de la civilización de los blancos. Al final, lo explusaron de la tribu. Alberto Vojtěch Frič pensaba que Cherwuish acabó como espía de la guarnición militar de Fuerte Olimpo y se emborrachó a muerte.

Al mismo Frič le pasó algo parecido al regresar a su país: “Tuve una coleccion de objetos mas extraños para poder comprobar mis palabras, pero la gente igual dudaba. Tambien aquí se cuentan historias equívocas sobre los crueles canibales que roban y matan a la gente inocente. Si yo regresé no solo sano y vivo, pero además encantado por los indios que he conocido, muchos me miraban de reojo. Pensaban que seguramente no había visto nada, que compré por ahí un par de artesanías y los pretendía impresionar con mis aventuras.“

Despues del 1913 Frič no ha vuelto más a Alto Praguay por causa de los problemas de su salud. En 1922 se casó de nuevo y tuvo otra familia en Praga. Falleció en 1944.
Falta decir que la historia no termina con la muerte de sus protagonistas. En 2000 la familia Frič se había enterado de que tenía parientes en Paraguay y fundaron una ONG llamada Checomacoco, que se dedica y apoyar su lejana familia india de la tribu Chamacoco, que hoy cuenta con 160 miembros.

Así tambien llegamos a comprobar que la historia de Cherwuish tuvo un final distinto (según dice Yvonna Fričová - la esposa del nieto de A.V.Frič): "Al penetrar en el siglo XX cada vez más en el Gran Chaco los logros técnicos de la civilización, por ejemplo, los primeros aviones, Cherwuish fue convirtiéndose en una persona importante y estimada, ya que era el único de los indígenas que sabía explicar a los suyos de qué se trataba. Al final lo volvieron a acoger con mucho honor en el seno de la tribu y Cherwuish supuestamente falleció a una edad muy avanzada en los años 60".

Fuentes:
http://www.radio.cz/es/articulo/76695
http://www.checomacoco.cz/espanol

8 mar 2009

Observaciones de la playa II.




Una cosa que tambien me llamó la atencion es la relacion de los peruanos con el cuerpo. Para mí el Perú siempre ha sido un lugar donde lo físico se sentía muy intenso. No quiero que suene mal. Me explico: cuando vine a Perú, la realidad atacó mis sentidos con una fuerza inesperada. El aire nunca estaba sin olor, olía a fritura, a mar, a pescado, a smog, a humo, a sudor. La gente siempre estaba muy cerca, en las calles, en los micros. Los colores siempre muy puros y fuertes, atacandome de todos lados. Los sabores...mmm... intensos, picantes, dulces. Y los sonidos igual, fuertes y demasiados. Y los peruanos disfrutando de todo eso, excitandose con sus cumbias, emocionandose con sus huaynitos, comiendo toneladas de ají y endulzandose la vida con los picarones y Sublimes... Buscando siempre todos los placeres que la vida ofrece.

No sé si es por el clima cálido, o es una cuestion cultural. Yo creo que se da tanta importancia a las cosas banales justo por no ser tan banales como parecen. En Perú no todos tienen comida suficiente, ni pueden divertirse todos los días y tal vez por eso sigue siendo algo tan especial. Nunca en mi vida he tenido tantas conversaciones sobre la comida como en Perú. En Europa nadie se emociona con la comida de tal manera como los peruanos, cuando se van a comer „el cevichito“, y todos alrededor inmediatamente saltan: ayy qué rico! A los europeos les emocionan pocas cosas.

Pero quería hablar de otra cosa que podía observar en la playa. Del pudor. Observando las maniobras que hacía la gente con las toallas al cambiarse me parecía exagerado. Incluso a los niños pequeñitos los hacían entrenar aunque podían tranquilamente andar calatos (qué?!). Claro que decidí asimilarme para no provocar, pero en mi patria no me hago tanto rollo. Para que? Una peruana una vez me dijo que nosotros (los gringos) no valoramos nuestro cuerpo. (Se refería a una chica israelí que dormía en un cuarto compartido de un hospedaje en un short sin taparse). Algunos peruanos lo llaman „ser liberal“. Yo diría que, tal vez, en algunos sentidos, somos mas relajados (pero seguramente no en todos los que se imaginan).


A mí no me parecería raro cambiarme en la playa sin amarrarme la toalla, pero no termina extrañarme que en la mitad de los programas en la tele peruana salen mujeres semidesnudas, acompañando así no solo programas de musica sino salen tambien en programas infantiles y hasta en las discusiones politicas pueden aparecer por ahí haciendo el fondo. Hasta creo que es una profesion que tiene un nombre.

Lo que más me gustaba de la playa fue observar a las familias serranas que venían los domingos con sus gaseosas de 1,5l. Venían las mujeres, abuelitas, niños, todos. Se sentaban muy cerca a la orilla y siempre se dejaban sorprender por la marea que subía hasta arriba. Saltaban, gritaban y se sentaban de nuevo, un poquito mas lejos. Una de las mujeres, madre de un par de chibolos, se quito las capas de su pollera y se quedó solo con la de arriba y así se dejaba mojar todita. Como se reía y corría dentro del agua, el cabello largo se le pegaba a la cara, se veía como una niña de quince años. Se quedaron horas, hasta que bajó el sol.

Observaciones de la playa I.




Como ya mencioné en uno de mis post anteriores, tuve la iportunidad de pasar un verano entero en una playa limeña. Ay, qué rico!, dirían los que van los fines de semana con su botella de Inca kola. Qué aburrido, pensarán los enemigos de deportes acuáticos. Qué superficial, dirán los intelectuales. Mientras que yo, una espía disfrazada de surfista, digo: pero qué interesante!

En la playa se acumula una sociedad muy especial. Es gente que normalmente no vendría a conocer. Me acuerdo que antes de empezar a correr olas no disfrutaba mucho las caminatas por la playa, justo por los chicos que la frecuentaban, por sus comentarios y por la imposibilidad de poder sentarme en paz sin ser la carnada para los rateros. Pero al entrar a ese mundillo, al conocer sus reglas y costumbres le perdí el miedo.

Como dije, la fauna playera es bien diversa. Empezando con los que vienen en la busqueda de la diversion, como los alumnos de las numerosas escuelas de surf, sus orgullosos padres, alumnos ya mayores-padres de famílias mejorando su físico, los miembros de los clubs, los turistas extranjeros o los limeños que simplemente vienen a descansar y tomar el sol, y finalmente los campesinos que están visitando la capital. Siguen los que viven de los primeros: los ambulantes, los heladeros y quiosqueros, los artesanos, los salvavidas, guardias, pescadores, instructores de surf, los guarda-tablas nocturnos, los recycladores de la basura... y los bricheros.

Aunque no parezca, todo tiene su orden aquí. La gente viene a la misma hora todos los días, cada quien tiene su lugar, su puesto donde hace su negocio. Existe cierta jerarquía que depende de varios aspectos, que no siempre son muy claros. Al parecer todo funcciona bien. Los quiosqueros por ejemplo por unas propinas guardan cosas de los surfistas mientras estén en el agua. Los instructores colaboran con los salvavidas, que al parecer le tienen miedo al agua (!). Algunas escuelas colaboran entre ellas, se prestan tablas cuando al otro le faltan.

Parece que todos son muy amigos, pero muchas veces solo son alianzas economicas. Hay muchísima competencia, muchos chismes, a veces recelo y hasta odio entre algunos. Como no, si se pelean por los clientes (sobre todo por los rubios, que se cobran doble precio), se llevan alumnos del otro y hasta las tablas se roban. Si se es amigo de uno, no se puede ser amigo del otro (siendo la tercera persona), podría ser tomado por ofensa o traicion, y eso incluso si ellos se saludan a diario de „broder“. Así que se complican bastante las relaciones y lo mas seguro resulta amistarse con la niña de la vendedora de raspadilla o con la señora de los sanguchitos de pollo con papitas. Por lo menos eso hacía yo.

Al fin lo mejor fue meterse al agua.

26 feb 2009

En general...



No me gusta generalizar. Pero lo hago. Como todos. Se que es peligroso sobre todo si se trata de la gente. Porque, como se sabe, cada quien es original e unico. Pero a veces es inevitable. En un mundo no-generalizado nos perderiamos. Pero en un mundo generalizado hay que tener en cuenta que nada es tan simple y claro como quisiera parecer. Todas las siencias generalizan y aunque parezca superficial, así pueden llegar a unas verdades muy profundas. Esta vez voy a generalizar a pesar de saber que hay miles de excepciones, voy a hacerlo porque no conozco otra forma de como tratar el tema.

Hablar de los peruanos es igual de confuso como hablar de los gringos, europeos o checos. Mi vision de los peruanos de hecho es limitada. Se deriva por parte de mi experiencia en la universidad y sobre todo de mi contacto con la gente en las calles de Lima y en el campo. Siendo fiel a la clasificacion peruana diria que en la universidad había mas personas de la clase media y media alta mientras que la gente que trabajaba en la calle o en el campo pertenecía a las clases bajas. Hay que mencionar que los pertenecientes a la clase alta practicamente desconozco.

Juzgar la gente según la apariencia es una costubre muy común en el Perú. Para la mayoria de los peruanos soy „gringa“. Lo soy por mi apariencia y lo sería siempre, incluso después de vivir en Perú por años o si obtuviera la nacionalidad perunana. A la gente le basta solo verme y ya sabe que 1./soy extranjera 2./tengo plata. Puede ser verdad o tampoco no. No necesitan preguntar nada, no se les ocurre que de repente estaba ahorrando años para poder pasar mis vacaciones de voluntaria en Peru. No saben que en otras partes incluso la gente „blanca“ puede ser pobre. Los peruanos suelen pensar que en cualquier otra parte se vive mejor que en el Perú, sobrevaloran las cosas que vienen desde fuera a pesar de desconocerlas. Por otro lado tienen un orgullo muy iracional sobre algunas cosas, sin realmente saber como son en otra parte. (Ejemplo: El pollo peruano es el mejor del mundo).

En Peru se suele llamar a determinadas personas gordo, chato, negro, chino o flaco. En principio me chocó, me parecía demasiado bruto. Aunque luego entendí que no eran ofensas, que incluso pueden ser nombres de cariño, hasta ahora me cuesta decir: Oye, gordo... De hecho es cultural. En los Estados Unidos a los indigenas llaman „native american“ y a los „negros“ „african american“ y decir indio o negro es casi un crimen. Esa forma de diplomacia es ajena a los peruanos, que no entienden que advertir las diferencias no siempre viene al caso... Por otro lado puede parecer menos pretencioso y mas honesto „llamar las cosas por su nombre“. No pretendo juzgar cual de las formas es mejor. Las dos pueden ser problematicas. Al fin, lo importante es con que intencion lo estamos diciendo.

Igual que los peruanos no ven las diferencias entre los gringos, los checos no saben distinguir a los peruanos.
Una amiga checa durante su vuelo a Lima conocio a un peruano. Toda encantada le dijo en ingles que era el primer indio que jamas había visto en su vida. No se que tanto era indigena pero de todas maneras se habia ofendido. Fue un verdadero choque cultural. Ella no lo dijo como una ofensa, para muchos checos los indigenas son lo maximo, un ejemplar de heroe, visto con el romanticismo de las peliculas de los años 70. Pero el pobre no tenía idea de eso, creció en otra atmosfera y seguramente no se consideraba indigena aunque lo fuera.

A mí se me hace imposible ver las diferencias entre los peruanos como las ven ellos. En principio no entendía como en un país mestizo puede haber tanto racismo. Sé que la causa está en la historia. Pero yo no veía ningunos españoles o incas. Solo veía los peruanos. No creo que existan tantas tonalidades de piel que saben distinguir. Pienso que hoy ya no solo es una cuestion racial. Todas esas clases, apellidos, barrios y colegios solo sirven para excluirse. Parece que mas importante que buscar como aproximarse se les hace marcar las diferencias entre ellos. ¿Porque en vez de buscar lo que nos une destacamos lo que nos separa? Habrá igualdad sin tener que ser identicos?

Quizá es mas facil definir lo que no somos que aceptar lo que somos...

11 feb 2009

Unirme



Durante los ultimos años he descubierto varios mundos en mí. En estos mundos habitan varias Doras con las que trato de convivir. Sospecho que siempre han estado ahí solo que ultimamente algunas han crecido mas rapido que otras. Se parecen bastante pero a veces me piden cosas que no les puedo dar, algunas son tan rebeldes que hasta quieren todo lo contrario que las otras. Y yo no puedo hacerles caso a todas. Creo que mientras mas Doras estén ahí, mas dificil será decidir por ellas. Quisiera hacerlas felices a todas y hasta ahora niego que no sea posible. Pretendo de hacer todo lo posible pero al final siento que nada hago bien. Porque no me riendo? Si estoy acá, no puedo estar allá. Es lógico. Pero yo lo siguo intentando. Y así no estoy bien en ninguna parte.

A veces me olvido y los mundos dentro de mí aparecen cuando menos lo espero. Como una vez en el hospital de Praga al despertarme de la narcosis me salió el castellano. Y hoy me soñé caminando por un malecón inexistente de Barranco con una tabla bajo la mano y unos chicos gritando: „Está cruda, mirala...“ (refiriendose al color de mi piel). Así recuerdo la frase, en castellano, pero no tengo idea si alguna vez escuché esa expresión, si se usa o me la inventé.

No soy ninguna aventurera. No viajo por viajar. No me gusta cambiar de lugar diario. Quiero dormir siempre en la misma cama. Soy alguien que donde esté busca su hogar? Acaso yo no lo tengo? El hogar que nos lo llevamos adentro? O es que simplemnete me entraño de los lugares y las personas y me cuesta alejarme? Pero si solo me pasa con el Perú? Porque encuentro la cercanía tan lejos?

Quisiera encontrar un trabajo que conectara esos mundos dentro de mí. Que les diera sentido y a mí me enseñara hacía donde ir. No espero quedarme en un solo mundo pero que tenga el porqué quedarme entre ellos. Por parte estoy acostumbrada de jugar ese papel, crecí entre el campo y la ciudad sin pertenecer a ninguno y considerandome parte de los dos. Ser diferente, excluida pero con gran necesidad de aceptacion. No sé a donde pertenzco pero sé que tengo que hacer. Quiero conectar.

21 ene 2009

Orden del desorden



Cuando me gradué, no sabía que hacer. Hice la maestría en arte, saqué mi diploma y necesitaba vivir de algo. Aún me acordaba del año antes de entrar a estudiar arte. Estaba sin trabajo y me sentía perfectamente inútil. No quería repetir eso por nada del mundo.

Unos años antes, al acabar mis estudios en la PUCP en Lima, mi profesora Carolina me dijo que si alguna vez decidiera enseñar, ella podía darme trabajo. Me acordé de sus palabras y pensé que no iba a perder nada si le escribía. Pronto me llegó su respuesta. Decía que tenía trabajo para mí, que podía dictar unos cursos de grabado. Me pareció increíble, un trabajo así en Praga jamás hubiera conseguido. Estaba feliz. Que bien que no tenía idea sobre lo que me esperaba...

Me puse a hacer todos los tramites necesarios. En aquella época los checos aun necesitabamos visa para viajar a Perú. En la embajada de Perú en Praga iba a pedir una visa de trabajo pero según me dijeron esa la tenía que pedir en Lima, cuando tendría el contrato de la universidad. Ellos solo me podían dar una visa de turista para después cambiarla. Pero para (supuestamente) facilitarme los trámites me dieron una visa oficial.

Después tuve que sacar las copias de mi diploma y del pasaporte. Legalizarlas, dejarlas traducir al español y legalizar las traducciones. Por conseguir los sellos requeridos tuve que hacer un recorrido por el notario, la traductora, ministerio de justicia, el corte municipal, ministerio de educacion y ministerio de relaciones exteriores. Todo el recorido lo hice en una semana y aunque tuve que pagar por cada sello, todo marchaba bien, según las instrucciones que recibí en el principio.

Llegué a Lima, empecé a trabajar. Tenía cuatro cursos y veinte horas semanales. Pasó un mes y yo no había recibido ningun sueldo porque la universidad no me había hecho mi contrato. Aparecieron problemas de los que nadie me había avisado antes. Me daba la impresion como si fuera primera extranjera que vino a trabajar legalmente a Perú. Ninguno de los responsables en las oficinas por los que transitaba me sabía dar instrucciones claras. Siempre aparecía algun sello o autorización que faltaba y que seguramente fue lo ultimo. En principio les creía, pero después de un tiempo estaba convencida de que simplemente inventaban. Aquí les haré una breve recapitulacion del proceso.

Primero fui a migraciones donde pretendía a cambiar mi visa oficial por visa de trabajo. Tuve que boxear para poder entrar al edificio, pero igual no me servía. Un señor „tramitador“ me ofreció sus servicios, pero yo creía que podía hacerlo por mi propia cuenta. Que ingenua! Me mandaron al ministerio de relaciones exteriores para legalizar mis papeles. Pero faltaban unos sellos... Fui al notario para legalizar mi visa. Volví al ministerio para legalizar la copia del diploma. Ahí recién me enteré de que la copia legalizada de Praga no era valida en Perú. Tenía que ser traducida por un traductor oficial peruano. Llamé a la embajada checa para preguntar que si me podían ayudar a conseguir el traductor. Me informaron de que en Perú no había una persona que pudiera hacerlo. Por eso lo hacen en la Rep. Checa. Volví al ministerio y les repetí lo que me dijeron los oficiales checos. Esperaba que aceptaran mi traduccion, pero me había equivocado. Me sorprendieron con la demanda de una constancia de la consul sobre el hecho de la no-existencia del traductor oficial. Ahí fue cuando me empecé a sentir parte de una novela de Kafka.

Les dije que podían llamar a la consul para verificar la informacion, pero no, tenía que ser escrito. En la embajada solo se reieron. “Si te la piden, pues te la sacamos“ dijo la consul y firmó el papel con un gesto teatral. „Ojalá funccione. Con los peruanos nunca se sabe...“ me dijo. Igual no podían hacer mas por mí, dijeron y me regalaron unas revistas sobre mi patria en español. Entregué la constancia en el ministerio con curiosidad que iba faltar esta vez. Y... hay que decir que era muy creativo el encargado, porque había descubierto que la firma de la consul no estaba registrada! Caracho! Y ahora?

Mientras perdía mis esperanzas de poder trabajar legalmente en Perú, pasó otro mes. Pedí un anticipo en la uni y me lo dieron! Durante todo el tiempo me perseguían los aseguradores. No entendía bien porqué, les había explicado que no pensaba llegar a jubilarme en Perú, pero no les interesaba. Felizmente sin el contrato no podían hacer nada.

Al pasar el tercer mes mi supervisa oficial había vencido. Cuando quise prolongarlo resultó que era algo complicado, justamente por ser oficial. Ya ni me acuerdo bien cual era el problema. Solo recuerdo que varias veces esperé ante una oficina para no ser recibida nunca. No podía viajar fuera del país, tenía que asistir las clases. Ya solo faltaban unas semanas para el fin de semestre. Me tenían que pagar sí o sí. Y de repente se les ocurrió una idea genial en la oficina de salarios de la uni. Pagarme como profesora visitante en vez de profesora contratada. Increíble...

Se acercó la Navidad... Los burocratas se fueron de vacaciones. El encargado de mi visa no volvía hasta el Año Nuevo. Mi pasaje la tenía para el 31 de diciembre. Decidí olvidarme de él y disfrutar el tiempo que me quedaba. No había forma de estar legal... pues estaba ilegal. Y fue facil. Nadie me dijo nada incluso en el aeropuerto no hubo ningun problema. Ni me hicieron pagar la multa!

Lo bueno de todo eso fue que conocí bien el centro. Perdí el miedo de caminar por la avenida Abancay, el mercado central y mercado las Amazonas. He tenido varias conversaciones interesantes con taxistas, guachimánes y ambulantes. Hize buenas relaciones con vendedores de zapatos en las zapaterías que rodean el ministerio de relaciones exteriores. Me hubieran hecho muy buenos precios si es que hubiera necesitado zapatos.

Unos años después cruzaba la frontera en Tumbes. Mi visa había vencido unos días antes. Esperaba problemas y estaba curiosa que pasara. El policía me dijo que mi visa estaba vencida así que estaba ilegal. Entonces tenían derecho de tratarme como una delincuente y si quisieran, podrían meterme a la cárcel. Le pregunté que me aconsejaba a hacer. Primero dijo que debía volver a Lima y ahí ir a las migraciones. Le dije que no pensaba a hacerlo. Entonces, dijo, te entregamos a la policía de Tumbes. Pero no queremos problemas, dijo. Yo pregunté si no se podía areglar en la oficina de migraciones de Tumbes. El pata me mandó donde su colega. Entendía bien de que se trataba. Solo esperaba que me lo dijera, quería saber, como iba formular la frase... Pero creo que ellos pensaban que no entendía. El amigo que me acompañaba vino a preguntar que pasaba... y el policía cuando vio que era peruano me ignoró y empezó a referirse solo a el. „ Oe, hermano, no queremos hacer problemas, pero tu amiga...etc.“ Empezó la litanía y no terminaba hasta que mi amigo no le puso la plata en la mano. Ahí se calló y yo pude pasar.

28 dic 2008

Cerrando el año


Quiero cerrar este año. Lo recibí en Puno con sorroche y una taza de mate de coca y lo voy a cerrar en el corazon de Europa llamado Praga. Un año en que la sorpresa más grande para mí fui yo. Un año felicidad, confusion, tristeza y contradiccion. Y la busqueda y más busqueda... de como vivir en dos sitios en un solo cuerpo, como contar las historias para compartir lo que veo. Gracias a los que han compartido lo suyo conmigo! Que los fuegos de Ollantaytambo les iluminen la noche!
Y en el siguiente año espero recibir más comentarios!

14 nov 2008

Estar triste para ser feliz



Hace poco leí un artículo donde la psicoanalista y escritora Julia Kristeva decía que las mujeres nos deprimimos más porque nuestra personalidad es más complicada que la de los hombres. Buscamos a ser buenas madres, amantes, tener una profesion que nos llene. Dice que esa pluralidad es difícil de manejar pero las que encuentran el equilibrio entre todas esas identidades logran a ser más maduras que los hombres que muchas veces siguen siendo niños toda la vida.

Yo no sé si me quiero volver más madura pero sí busco un equilibrio o integridad. Es un gran reto llegar a saber qué es lo que debo hacer. Me encuentro en una época extraña cuando aparentemene no está pasando nada. Y yo quiero que pase. Pero tengo que esperar sin saber a qué y hasta cuando. Como si mi vida me estuviera diciendo: acá tienes un tiempo para pensar. Como ya tantas veces. A mí las cosas no me llegan fácil. Mi vida nunca ha seguido una trayectoria muy directa. Cuando hacía algo, pues lo hacía por gusto sin pensar hacía donde iba. Estudié arte por el interés al arte, no para volverme artista. He aprendido muchas cosas pero hasta ahora no llego a descubrir para que me sirven. No me arrepiento haberlas aprendido. Siento no saber aprovecharlas bien. Mi camino culebrea entre las piedras y arbustos y se pierde dentro de un bosque profundo. Lo sigo porque creo que detrás de todo hay un sentido. Sólo que a veces me desespero. Me pongo triste de no llegar a entender.

¿Acaso pido demasiado? Quizá toda la vida será como esa vereda perdiendose en la oscuridad que solo de vez en cuando se aclara.
Algunas personas dicen que necesito tener un hijo. Que cuando lo tenga dejaré de pensar huevadas. Mi mundo cambiará por completo. Pero eso tambien da miedo. Cómo puede que cambie tanto? Creo que no quiero que suceda, quiero seguir siendo yo. Son dos cosas diferentes y una no puede reemplazar a la otra. Uno no puede llenar su vida con la vida del otro. Aunque pretenda a hacerlo. Quizá me equivoco. No sé.
Mi estado parece al de una persona que no encuentra amor. Perdiendo el tiempo a solas. Con el corazón lleno de amor, gritando: ¡acá estoy, esperandote!
En verdad no tengo idea de si el destino nos busca a nosotros o hay que salir al encuentro con él. Pero como dice Julia Kristeva, siempre hay dos opciones: tomarse una pastilla y echarse a la cama, o crear algo.

A mí la tristeza me sirve para crear. Quizá no serán grandes cosas pero nadie puede hacerlas igual que yo. No hay quién tenga la misma experiencia. Es ella que me hace sentir solitaria pero también es ella que me hace única.
Mil veces me he preguntado para que me servía en mi vida praguense saber cual combi me lleva a Gamarra, o con que tipo de papa se prepara la causa. O en que parte de Makaha se levantan las olas. O saber decir: Arí, allillanmi kashani.
No lo sé. Pero aunque solo fuera para hacerme pensar de otra forma, me sirve. Para dar otro valor a las cosas que hay acá. Para saber que nada es automático. Y ojalá un día me ayudará a contar historias que harían pensar a los demás. De los demás.
Para por fin poder unir los dos mundos dentro de mí.

30 sept 2008

Preguntas


Los peruanos suelen hacer sus pequeñas entrevistas a los extranjeros que encuentran. A mí siempre me asombraba la facilidad con la que empezaban las conversaciones. En principio me facilitaba la comunicacion, me gustaba el interés que mostraban por mí, pero con el tiempo contestar siempre las mismas preguntas me cansaba. Incluso llegaron momentos cuando me deseperaba y me ponía antisociable. Mucha gente preguntaba pero poca buscaba a cambiar la imagen que tenía de mí. Pero a veces lograban a sorprenderme con sus preguntas. Sin darse cuenta me daban temas para pensar. Una vez un pescador me preguntó de qué más extrañaba de mi país viviendo fuera.

Hay momentos en los que a uno le parece extrañar todo. La gente. Los olores cotidianos que activan la memoria. La comida. Las canciones. Pero en realidad no es eso que se extraña.
Me di cuenta de que extrañaba ser la Dora que conocían mis padres, mis hermanos y amigos. La Dora en su contexto, con su trasfondo, con su historia. La que no tenía que explicar quién es y de donde venía. La que compartía la historia y el presente con los demás checos. La Dora que dominaba su lengua y la sentía. Extrañaba ser local, extrañaba sentirme en casa. Extrañaba de que me trataran igual y no como a la gringa que admiraban y despreciaban a la vez. Extrañaba que me quisieran no por ser diferente sino por ser parecida a ellos. Extrañaba ser común e invisible. Sentirme segura. Tener amigos entre los hombres. Poder sentarme sola en un bar sin que nadie molestara...

Pero entonces ¿qué es lo que extraño de mi hogar adoptivo cuando vuelvo a Checolandia? Pues... mi vida en Perú. Mi libertad. El hecho de vivir sin el peso de la memoria, de la familia, de las expectativas de la gente que me rodea. Extraño adaptarme, empezar desde cero. Extraño las amistades con aquellos que no necesitaban conocerme del todo para poder quererme. Y a los que se tomaron el trabajo de conocerme. Extraño sentirme parte sin haber crecido en las mismas condiciones, sin haber visto los mismos dibujos animados de chibola. Sentirme identificada a pesar de tener otra experiencia. A pesar de haber crecido en otro clima... Extraño las calles, los lugares, las costumbres, los sabores,las casas donde viví, todo lo que considero tan mío y aquí no tengo con quien compartirlo. Extraño el mar y el aire de la sierra... la chirimoya, los helados de lúcuma en la playa y un millon de cosas más.

Demasiada contradiccion? Sí, pues.

11 sept 2008

Historias que vi

Túcume. Casa recién construída de una familia joven.


Hualhuas. Mujeres con niños lavando ropa y lana en el riachuelo.
"¿De dónde vienes?"
"De Europa"
"¿Y tu mamá, dónde está?"
"Allá"
"¿Y tu, qué haces por acá?"


Túcume. En la cocina.


Puno.


Misti. Ciudad de Dios.


Tarma. Exposición agropecuaria.


Altiplano. Festejando la Virgen del Carmen con peluche de oso y zapatillas Nike.


Canta. "¿Dónde alquilan caballos?" "Allá donde Pedro"

La calle Libertad


„Es una casa de color lúcuma“, me dijo la señora en el teléfono. Decidí irme del depa miraflorino porque ya se me hacía insoportable la convivencia con esa chica tan difícil. Aguanté dos meses durmiendo en el sofá de su sala y ya no quería más.

Esa mañana iba a ver dos departamentos en Barranco. El primero lo encontré rápido y me hubiera gustado pero la dueña buscaba a alguien quién se quedara por lo mínimo un año. Y a mí me quedaban unos cinco meses más. Fuí a la otra cita pero nunca llegué. Me topé con dos mujeres que me engañaron y robaron de tal forma que volví a casa llorando de rabia e impotencia. Nunca deja de sorprenderme como los rateros sean tan buenos sicólogos. La vida les ha enseñado encontrar siempre la mejor manera de engañar la determinada persona. En mí vieron una chica que quería ayudar a la pobre empleada serrana abusada por sus patrones. Aaaahhh....que buenas!

Llegando a casa no se me ocurrió nada mejor que tomarme una botella de liquor que había traído de Praga como regalo para gente buena que esperaba conocer. Como no suelo tomar mucho me puse muy mal. Justo estaba en el baño vomitando cuando sonó el teléfono. La señora me preguntaba porqué no había llegado a la cita. Le conté la historia y ella prometió venir a recogerme. Subiendo al carro de señora Carmen y su esposo pensé, pucha, que tal si son unos pervertidos, me pueden llevar a cualquier parte y yo qué... Pero pronto paramos frente la pared color lúcuma y yo me sentí muy agradecida por haberme tratado bien.

Era una casa sencilla, de esas que esperan que les construyan otro piso cuando sea necesario. No tenía nada de muebles pero los dueños me iban a poner una cama, cocina y refrigerador. Por el momento no necesitaba más. Tenía tres cuartos de los que yo usaba uno solo (luego dos amigas americanas se mudaron conmigo), por un corredor sin techo se entraba a la cocina y al baño con ducha, que era tan baja que cuando se le puso la terma yo ya no entraba y siempre me chocaba la corriente tocandola con la cabeza mojada. Por una escalera se subía al techo donde había otro cuarto que no se podía cerrar y ese era „la sala“ y el lugar de las fiestas.

En el techo encontré unos ladrillos y una puerta vieja que me servían para construir mi mesa. Quedó bajita así que me sentaba en el piso mientras dibujaba. En Praga de vez en cuando encontraba hasta muebles viejos en la calle pero en Lima resultó un problema encontar siquiera una tabla o un pedazo de madera. Todo aún servía a alguien.

Un día Sra. Carmen decidió a llenar el tanque del techo con agua. Ya ni sé porqué, si por no tener que usar la terma matadora... Estaba trabajando en el taller de la uni, cuando me llamó Alejandra que acababa de llegar y encontró la casa inundada! Con Harmony (otra amiga cuyos padres hippies le han puesto ese lindo nombre) chapamos un taxi y regresamos a Barranco. Como casi no teníamos muebles, todas las cosas que estuvieron en el suelo flotaban sobre el agua! Llamamos a la dueña y nos pusimos a limpiar y secar las cosas, tendiendo la ropa y los papeles en el techo. Sra. Carmen se arrepintió mucho viendo el desastre y prometió areglar todo. El día siguiente volviendo de las clases... de nuevo! Supuestamente areglaron el tanque pero quién sabe como... Carmen aún más arrepentida nos trajó una tele viejita como recompensa. La hemos puesto a la sala junto con un colchón inflable.

Le rogamos que porfavor ya no aregle nada, que la casa estaba perfecta así. Pero no lo estaba. La luz fallaba muy a menudo. El refrigerador se apagaba y la terma tambien tenía sus mañas. Pero no todos los problemas estaban en nuestra casa. Los apagones, la tubería rota, el agua corriendo por la pista se nos hicieron cotidianas. Vivíamos momentos romanticos, duchandonos con agua fría iluminadas por las velas.

Así encontré La Libertad donde viví unos tiempos muy felices. Me consideraba la chica del barrio, conocía a los vecinos, los kioskeros, hasta tenía mi local que estaba en una cochera de calle Independencia, dónde siempre ibamos a comprar pizza y conversar con los dueños que nos prestaban sus platos a casa. Me gustaba vivir ahí, en el límite con Chorrillos, que ya estaba fuera de la zona turística y de la borachera barranquina. Me despertaba con el canto de las colegialas que así comenzaban sus clases. Otros días pasaba la procesión o venían los testigos de Jehova a conversar sobre la Biblia (lo que nunca pudieron conmigo).

Nada que ver con la casa miraflorina enrejada y con el guachimán abajo.

1 sept 2008

Homenaje al mar


Quisiera dedicar este post al mar. Al mar que no tengo en este país y que me hace falta. Algunos días me levanto, abro la ventana y lo huelo en el aire. Está cientos de kilómetros de acá. Se podrá oler?

Siempre deseaba tenerlo cerca. Desde chiquita soñaba de verlo un día. Años antes de siquiera haberlo visto hacía montones de dibujos de islas perdidas en el océano, habitadas de niños náufragos viviendo felices sin adultos y escuelas. Aún los tengo por ahí guardados.

Llegué a verlo a los 12 años. En Yugoslavia en el 1988, justo antes de haber empezado la guerra ahí. El siguiente año se abrieron las fronteras de mi país y se podía a salir a otras partes también. Después he visto el mar en Italia, Francia, Inglaterra, Irlanda, España, Russia... Pero nunca he vivido a su lado hasta en Lima.
La ciudad que tiene el mar se gana una dimensión más. Es algo salvaje dentro de la civilización. En Lima siempre buscaba vivir cerca del malecón y las épocas más bonitas y más largas pasé en Barranco. Me quedaba lejos de la Uni pero me gustaba más que vivir en Pueblo libre o Jesús María dónde también viví un tiempo. Es más fácil ubicarse, hay algo claro – el borde de la ciudad claramente marcada. El malecón – la playa – el mar. El fin. Algo seguro en una ciudad tan plana y grande con margenes dispersos y movedizos.

El verano pasado nos familiariazamos aún más. Yo y el Pacífico. Empecé a meterme con la tabla. Decir a correr sería exagerado. Pero igual lo disfrutaba muchísimo. Es fácil volverse adicto a esa diversión. Fue una diversión para mí porque no buscaba la perfección, solo quería estar en el contacto con el agua, aprender a moverme dentro de ella, relajarme y olvidarme de los problemas „terrestres“. Y para eso funccionaba muy bien. Syncronizarme con la marea, esperar la ola, cogerla y dejarme llevar… es mejor que el sexo! (Será por eso la playa llena de chicos que obviamente les hace falta?)

Acá en Praga no sé bien como limpiarme la cabeza. No sé con que quitarme el dolor de la espalda. Por eso extraño al Pacífico.

29 ago 2008

Entrando al cuadro


Mi primer contacto con el Perú fue visual. Antes de poder comunicarme verbalmente me puse a observar. Y todo me gustaba. No es que todo fuera bonito. Pero todo fue interasantísimo. Me moría de ganas bajarme de esa combi guiada, salirme de la ruta turística y entrar a ese mundo tan fascinante. Lo veía como un gran cuadro lleno de colores, personajes fantásticos y caras arcaicas, pero un cuadro que además tenía olores, sonidos y sabores. Un cuadro demasiado perfecto. Quería absorberlo todo, saborearlo, comprender y aprender moverme dentro de él.

Hasta ese momento había viajado poco. Nunca había subido un avion y jamás había pisado otro continente. Tenía poca experiencia y era idealista. Crecí dentro de un país que por mayoría de mi vida estaba detrás de la „cortina de hierro“. Viajar era algo que no todos podían. Es decir se podía viajar a los países „amigos“ en los que la situacion era bastante parecida a la de Checoslovaquia y por eso no nos llamaba mucha atencion. En cambio a los otros países (que eran la mayoría) había que pedir el permiso del ministerio del interior y ese lo daba solo a muy pocos elegidos, miembros del partido comunista (a los que jamás se hubiera ocurrido escapar del „paraíso“ en el que vivían). La gente aprendió viajar sin salir de sus casas - leyendo libros. Yo tambien leía mucho. Y de vez en cuando iba al cine. Aproximadamente a los siete años me enamoré de un Apache llamado Vinnetou. Fue un heroe de películas hechas según las novelas de Karl May, un escritor alemán que nunca viajó al lejano oeste. Las películas las hicieron en Yugoslavia, el actor que actuaba el papel de Vinnetou era francés y su hermano blanco, Old Shatterhand, americano. Todos los niños de mi barrio jugaban de indios y de vaqueros, y todos deseabamos ser indios. La generacion de mis padres así jugaba de alemanes y rusos.

En mi casa hasta mis 16 años no teníamos tele. No es que fuera algo de lujo, al contrario, la tele era algo que unía a las masas, les daba temas a las conversaciones de mis compañeros del colegio. Cuando los niños se burlaban de nosotros por no tenerla, mi hermana les decía: "Es que estamos ahorrando para comprarnos un helicóptero". Y todos callaron. La verdad fue que la gran mayoría de los programas era pura basura y propaganda del partido. Por eso mi padre decidió no tenerla. Mis padres eran artistas que no hacían arte. Ser artista en un país totalitario no es nada envidiable. Así que prefirieron ser maestros y dedicarse a enseñar a los niños. En esa sociaedad tan uniforme mi familia parecía bastante rara. Mi madre me enseñó a apreciar la diferencia (imaginense una niña cuyo color favorito sea marón). Cuando veíamos la Olimpiada mi mamá que nunca se interesaba por los deportes la miraba y decía: „Mira las piernotas de esos negros, qué musculos… y viste el culo de la maratonista Nigeriana, qué tan paradito está! Qué guapa! Fíjate que cualquier color les queda mejor que a nosotros.“

Por eso cuando yo llegué a Perú estaba un poco como mi madre viendo la Olimpiada. Viendolo desde el punto de vista de hoy fuí una víctima perfecta de los rateros, bricheros y otra fauna urbana que frecuenta lugares llenas de niñas como yo. Me acuerdo de la primera vez que nos llevaron al centro de Lima paseandonos por la Alameda Chabuca Granda y nos dijeron que jamás cruzaramos el puente detrás de Palacio del gobierno. El día siguiente chapamos un taxi directo al puente. Porsupuesto lo cruzamos y caminamos subiendo por el cerro San Cristóbal. Llegamos hasta la cruz sanos y vivos. Luego entendí que el tipo que nos enseñaba la ciudad probablemente nunca se subió a una combi y jamás estuvo en un barrio como Rímac.

Con el tiempo aprendí a moverme por la ciudad sin sentirme amenazada. La verdad es que nunca me sentí igual que caminando por las calles de Praga, tan relajada y segura sin que nadie me observara ni hiciera comentarios. Pero aprendí a dónde y cuando podía ir sola, a dónde acompañada y a dónde ni hablar. Entendí que era una ciudad dividida, que uno no se podía mover libremente dentro de ella. Aprendí a estar siempre atenta pero no negativa – una cosa difícil. No es recomendable salir ala calle si a uno le viene un bajón o sea no debe mostrarlo porque la gente siente la debilidad y ataca. Cuando uno está mal siempre puede estar peor. La ciudad está llena de tristeza y deseperación y no hay que esperar la compasión. En la jungla urbana cuentes con la ley que „el fuerte gana“.

A cambio de la tranquilidad praguense mi vida en Lima se volvió una aventura diaria. Al aprender a comunicarme en castellano entré a ese cuadro colorido que tanta atención me llamaba. En cada paso aprendía cosas nuevas e útiles. En una reunion con mis amigos de la Uni se sobreusaban palabras „chévere“ y „bacan“ que no estaban en el diccionario. En cambio la palabra „escarchado“ estaba pero igual no entendía porqué estaba escrita junto con un número de teléfono por toda la ciudad.

17 ago 2008

Así empezó...

Llegué a Perú por casualidad. En esa época yo era estudiante de animación en la Escuela de arte en Praga (www.vsup.cz). Un día apareció en el taller un peruano que trabajaba en una asociación cultural en Nueva York y nos presentó un proyecto que se basaba en popularizar culturas precolombinas de Perú através del medio de la animación. Hablaba de la antigua cultura Moche, sus cerámicas e iconografía, nos dejó unas copias de las figuras y se fue.

Regresó en medio año en el que yo y otros tres estudiantes interesados en el tema hemos trabajado en unos proyectos libres vinculados con el Perú antiguo. Y ahí se empezó a hablar de la posibilidad de ir a Perú para conocer mejor la materia. Aunque no lo creíamos en el noviembre 1999 partimos rumbo a Lima. Después de hacer contactos en la Universidad Católica y la TV Canal N hemos hecho un viaje por la costa norte de Perú. No voy a describir los detalles del viaje, no era nada excepcional pero yo me quedé impresionada. A pesar de no haber visto el Cusco ni Machu Picchu, nada de la sierra y menos de la selva, a pesar de no haber hablado el idioma decidí volver.

Despúes de este viaje hice la animación „Agenda del Perú“. El proyecto de los mochicas no se realizó nunca, porque no se ha encontrado el presupuesto.

En el siguiente año me dediqué a estudiar el castellano para poder ser aceptada en La Católica como estudiante de arte. En el mismo tiempo surgió un trato entre las dos universidades para intercambiar estudiantes. Me aceptaron del conejillo de indias… pero esa ya es otra historia.

Pd: Disculpen la terrible calidad del sonido!